Joan Vivancos

Las 5 de la madrugada

Igual que un sonajero rumoroso

el sonido del salpicón salsero

se ha extendido como una blanca sábana.

 

Se reitera con su eco el oleaje

chocándose en las rocas. Frente a mi

los barcos se recogen con sus redes

llenas de herreras, sargos y dentones.

 

Es amable la brisa del albor

y el eco persistente del runrún

del agitado mar.

 

Solo queda una luz que centellea

donde se tocan cielo y horizonte 

escondida la luna

menguante entre las nubes.