Esta extraña tarde,
fiel a su costumbre de llegar tarde a todas partes,
trae desde mi vidriera una brisa añeja,
un aire usado, de segunda mano,
que ya fue mañana en algún otro siglo de inventario.
Señoras y señores, parece que no hay nada aquí,
apenas unos días vulgares que se disponen a morir
sin pedir permiso ni dejar propina,
mientras los periódicos repiten las mismas muertes
y el minutero cumple su condena gris.
Solo una tarde en la que, milagrosamente, se puede respirar.
un breve error del tiempo, una tregua sumisa
antes de volver a abrir los ojos
para mirar la realidad desnuda, fría,
y nada más.
Y ese nada más, que ya es bastante peso.
ahora me parece, poniéndome estricto
con los cálculos del alma,
como si hubiera vivido una abundancia de siglos enteros
por caminos ya gastados, viejos,
andados por pies que ni siquiera eran los míos.
Y, sin embargo, insisto, parece que no hay nada aquí,
solo este trámite de luz que se disuelve,
la certeza de que mañana volverá a ser miércoles
y este aire que entra por los pulmones,
esta respiración prestada,
este instante inmenso, diminuto,
que dura lo que tarda la tarde en convertirse en nada.
Y nada más.
El resto es pura burocracia del invierno.
-
Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de junio de 2026 a las 12:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Lualpri

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.