José Luis Barrientos León

Informe de una tarde desolada

 

Esta extraña tarde,

fiel a su costumbre de llegar tarde a todas partes,

trae desde mi vidriera una brisa añeja,

un aire usado, de segunda mano,

que ya fue mañana en algún otro siglo de inventario.

 

Señoras y señores, parece que no hay nada aquí,

apenas unos días vulgares que se disponen a morir

sin pedir permiso ni dejar propina,

mientras los periódicos repiten las mismas muertes

y el minutero cumple su condena gris.

 

Solo una tarde en la que, milagrosamente, se puede respirar.

un breve error del tiempo, una tregua sumisa

antes de volver a abrir los ojos

para mirar la realidad desnuda, fría,

y nada más.

 

Y ese nada más, que ya es bastante peso.

ahora me parece, poniéndome estricto

con los cálculos del alma,

como si hubiera vivido una abundancia de siglos enteros

por caminos ya gastados, viejos,

andados por pies que ni siquiera eran los míos.

 

Y, sin embargo, insisto, parece que no hay nada aquí,

solo este trámite de luz que se disuelve,

la certeza de que mañana volverá a ser miércoles

y este aire que entra por los pulmones,

esta respiración prestada,

este instante inmenso, diminuto,

que dura lo que tarda la tarde en convertirse en nada.

Y nada más.

El resto es pura burocracia del invierno.