Aquí me tengo, en este cuenco vivo,
esta corteza fiel que me ha tocado;
por abriles y lunes masticado,
en mi andar de elemento transitivo.
No busca el azogue la corona,
de mi rostro sumiso y su lamento;
son otoños de sal que lleva el viento,
y un pecho torpe que jamás perdona.
Fui la promesa de la arcilla tierna
que el tiempo fue limando con su espina;
hoy soy ceniza seca que camina,
adioses y canción que no es eterna.
Pero en este naufragio que me toca,
bendigo mi derrota y mi amargura.
Mírame bien, de pie sobre la anchura,
vencido por los días y la roca,
salvado por mi propia desventura.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de junio de 2026 a las 13:26
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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