José Luis Barrientos León

Oficio de arcilla y rastrojo

 

Aquí me tengo, en este cuenco vivo,

esta corteza fiel que me ha tocado;

por abriles y lunes masticado,

en mi andar de elemento transitivo.

 

No busca el azogue la corona,

de mi rostro sumiso y su lamento;

son otoños de sal que lleva el viento,

y un pecho torpe que jamás perdona.

 

Fui la promesa de la arcilla tierna

que el tiempo fue limando con su espina;

hoy soy ceniza seca que camina,

adioses y canción que no es eterna.

 

Pero en este naufragio que me toca,

bendigo mi derrota y mi amargura.

Mírame bien, de pie sobre la anchura,

vencido por los días y la roca,

salvado por mi propia desventura.