Amigos poetas del portal próximamente estaré editando en forma física mi nuevo libro de poemas en una editorial de poesía en Argentina necesitare en la preventa el pedido de 40 libros , apelo a los amigos solidarios y amantes de mi poesía me ayuden .
Habla girando hacia mí una mejilla
Marcada por el sol; su boca, una caverna
Oscura donde brillan estalactitas
De dientes desiguales. Su mano
Derecha sobre mi rodilla mientras nuestras mentes
Son empujadas a correr hacia el amor.
Pero apenas deambulan, trastabillando
Ociosamente sobre charcos de deseo…
¿Puede este hombre de ágiles dedos
Desatar algo más vivo
Que el hambre cansada de una piel?
¿Quién podría ayudarnos,
Quién que haya vivido demasiado
Y haya fracasado en el amor?
El corazón,
Un depósito vacío esperando largas horas,
Se llena por sí mismo
Con serpientes enroscadas de silencio.
Soy raro.
Sólo para guardar las apariencias
Hago ostentación, a veces,
De un deseo exuberante;
Pero debajo de la piel
No hay incendio:
Tan sólo un hombre
Mirando cómo el amor
Se oxida lentamente
En sus propias manos.
Daniel Omar Cignacco © 2026
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Autor:
Daniel Omar Cignacco (
Offline) - Publicado: 16 de junio de 2026 a las 10:31
- Comentario del autor sobre el poema: El poema explora la imposibilidad de convertir el deseo físico en una verdadera comunión emocional. Aunque dos cuerpos se acercan y el contacto existe —la mano sobre la rodilla, la cercanía de los rostros, la insinuación del amor— las conciencias permanecen fatigadas, incapaces de entregarse plenamente. El deseo aparece entonces como un movimiento incompleto: una fuerza que intenta avanzar hacia el amor pero termina vagando sobre superficies vacías. La figura masculina es presentada de manera ambigua: sensual y vulnerable a la vez. Su cuerpo posee una presencia casi mineral, áspera, humana en su imperfección. Sin embargo, detrás de esa cercanía física habita un cansancio profundo, como si la experiencia del fracaso amoroso hubiera erosionado toda posibilidad de inocencia. El hombre no carece de deseo; carece de fe en el deseo. El corazón es concebido como un “depósito vacío”, imagen que sugiere desgaste interior, abandono y espera. Ese vacío no se llena con amor verdadero sino con “serpientes de silencio”: pensamientos, recuerdos y frustraciones que se enroscan lentamente dentro de la conciencia. El silencio funciona como una presencia viva y opresiva, más poderosa que las palabras o el contacto físico. La confesión final revela el núcleo del poema: el protagonista reconoce que muchas veces exagera o representa el deseo únicamente para sostener una apariencia de vitalidad emocional. Existe una distancia entre lo que muestra y lo que realmente siente. Debajo de la sensualidad y del gesto amoroso permanece un hombre atravesado por la soledad, observando cómo el amor se deteriora lentamente dentro de sí mismo. En conjunto, el poema es una reflexión sobre el desgaste afectivo, la dificultad de amar después de la decepción y la fragilidad de los vínculos humanos cuando el deseo ya no logra vencer el vacío interior.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 18
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, jan Janito, Tommy Duque, Mª Pilar Luna Calvo, Poesía Herética, Hernán J. Moreyra, Antonio_cuello, Andy Lakota👨🚀, rosi12, Katherin Villar, Antonio Pais, Elthan

Offline)
Comentarios4
El poema construye una atmósfera de intimidad quebrada donde el deseo físico convive con una profunda sensación de desgaste emocional. Desde los primeros versos, la descripción del hombre evita toda idealización: la boca convertida en “caverna” y los dientes como “estalactitas” producen una imagen áspera, mineral, casi subterránea. El cuerpo aparece humano precisamente por sus imperfecciones, y esa materialidad refuerza el tono sombrío del texto.
Uno de los aspectos más interesantes del poema es el contraste entre movimiento e inmovilidad. Las mentes son “empujadas a correr hacia el amor”, pero terminan apenas paseando “sobre charcos de deseo”. El amor surge como una dirección posible aunque inalcanzable, mientras el deseo queda reducido a un impulso cansado y repetitivo. Esa tensión convierte el poema en una reflexión sobre la imposibilidad de una entrega auténtica después del fracaso afectivo.
El hablante masculino se presenta como alguien escindido entre apariencia y verdad interior. Hacia el final admite que muchas veces exhibe un deseo exuberante sólo para sostener una imagen ante los otros. Esa confesión vuelve al poema especialmente humano, porque desplaza el conflicto desde la relación amorosa hacia la identidad misma del protagonista. El vacío emocional ya no es únicamente una experiencia compartida, sino también una forma de conciencia.
La imagen del corazón como “depósito vacío” es central dentro del poema. Allí el silencio adquiere cuerpo y movimiento mediante las “serpientes enroscadas”, símbolo de pensamientos persistentes, recuerdos y frustraciones que ocupan el espacio donde antes podía existir el amor. El silencio no aparece como calma sino como una presencia invasiva y corrosiva.
En conjunto, el poema ofrece una mirada lúcida y melancólica sobre el desgaste del deseo y la dificultad de amar después de la decepción. Su fuerza reside en la combinación de imágenes físicas intensas con una reflexión emocional contenida, donde el desencanto nunca cae en el dramatismo excesivo, sino que se expresa mediante una voz íntima, cansada y profundamente consciente de sí misma.
Una anatomía de la desolación íntima
El poema destaca como una pieza de un realismo psicológico descarnado, donde la crudeza visceral se funde con una elegancia lírica demoledora. Su mayor acierto radica en el contraste: arranca con una carnalidad casi grotesca y amenazante —la boca como "caverna oscura", los dientes como "estalactitas"— para luego replegarse hacia una sobrecogedora vulnerabilidad metafísica.
El autor maneja con maestría el ritmo del desencanto. La transición desde el contacto físico insatisfactorio hacia el vacío existencial está perfectamente hilvanada a través de imágenes potentes, como ese corazón convertido en un depósito donde el silencio se arrastra como "serpientes enroscadas".
El remate final es de una lucidez quirúrgica. Al confesar la impostura del "deseo exuberante" frente a la frialdad interior, el poema esquiva el melodrama y opta por una verdad más terrible: la contemplación pasiva del desgaste. La metáfora del amor que «se oxida lentamente / en sus propias manos» clausura la obra con una fuerza evocadora memorable, consolidándola como un brillante y honesto inventario de la apatía y el fracaso afectivo.
Daniel, me ha parecido especialmente valioso el modo en que este poema despoja al amor de cualquier artificio para mostrarlo en su dimensión más vulnerable: el desconcierto de quienes desean y, al mismo tiempo, reconocen el agotamiento de aquello que alguna vez ardió con naturalidad.
La tensión entre el cuerpo y la emoción atraviesa todo el texto, pero es en los últimos versos donde alcanza una hondura notable. La imagen de “un hombre mirando cómo el amor se oxida lentamente en sus propias manos” transforma el desgaste afectivo en una experiencia tangible y dolorosamente humana.
Una lectura honesta, incómoda y profundamente reflexiva sobre las formas menos nombradas del amor.
Con aprecio literario.
— LIORA
Muchas gracias por esta lectura tan atenta y generosa. Me conmueve especialmente que hayas percibido esa intención de despojar al amor de cualquier idealización para acercarlo a una experiencia más vulnerable, más humana y contradictoria.
Tu observación sobre la tensión entre el cuerpo y la emoción toca uno de los ejes centrales del poema. Quería que el desgaste afectivo no apareciera solo como una idea abstracta, sino como algo físico, casi tangible, como una materia que se deteriora lentamente frente a quien la sostiene.
También agradezco mucho que señales esa “honestidad incómoda”. Creo que hay formas del amor —su agotamiento, su persistencia, incluso su desgaste silencioso— que suelen quedar fuera de los discursos más visibles, y me interesaba explorar justamente ese territorio.
Gracias de verdad por leer el poema con tanta profundidad.
Me gusto mucho,
"Sólo para guardar las apariencias
Hago ostentación, a veces,
De un deseo exuberante;
Pero debajo de la piel
No hay incendio:"
Es tan real
🙂
Gracias por comentar poeta.
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