Habla girando hacia mí una mejilla
Marcada por el sol; su boca, una caverna
Oscura donde brillan estalactitas
De dientes desiguales. Su mano
Derecha sobre mi rodilla mientras nuestras mentes
Son empujadas a correr hacia el amor.
Pero apenas deambulan, trastabillando
Ociosamente sobre charcos de deseo…
¿Puede este hombre de ágiles dedos
Desatar algo más vivo
Que el hambre cansada de una piel?
¿Quién podría ayudarnos,
Quién que haya vivido demasiado
Y haya fracasado en el amor?
El corazón,
Un depósito vacío esperando largas horas,
Se llena por sí mismo
Con serpientes enroscadas de silencio.
Soy raro.
Sólo para guardar las apariencias
Hago ostentación, a veces,
De un deseo exuberante;
Pero debajo de la piel
No hay incendio:
Tan sólo un hombre
Mirando cómo el amor
Se oxida lentamente
En sus propias manos.
Daniel Omar Cignacco © 2026