Nos quema el légamo
del crepúsculo.
Allí,
donde el tiempo se derrite
y las palabras
son raíces amargas.
Nos hundimos, amor,
en los espejos rotos,
tropezando con fantasmas
y con la rutina.
Pero tú emerges.
Traes manos de constelación
y un cuerpo
de fuego puro.
Yo no poseo esa luz.
Eres más fuerte,
mi timón de cuarzo.
Cuando mis rodillas ceden
ante el peso del lodo,
tu mirada
construye puentes
sobre el abismo.
Afuera aúlla el mundo.
La traición del viento,
las promesas
hechas ceniza de otoño.
Pero nos defendemos.
Tus dedos y los míos
trenzan un escudo.
Bebemos la luz secreta
que quedó en el fuego.
Limpiamos el ala herida.
No hay tiempo
para el invierno.
El porvenir nos llama
con prisa de relámpago.
Ya navegamos, juntos,
hacia un mañana
sin calendarios.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de junio de 2026 a las 09:49
- Categoría: Amor
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Daniel Omar Cignacco, El desalmado

Offline)
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