Leoness

Porvenir de relámpago

Nos quema el légamo

del crepúsculo.

 

Allí,

donde el tiempo se derrite

y las palabras

son raíces amargas.

 

Nos hundimos, amor,

en los espejos rotos,

tropezando con fantasmas

y con la rutina.

 

Pero tú emerges.

 

Traes manos de constelación

y un cuerpo

de fuego puro.

 

Yo no poseo esa luz.

 

Eres más fuerte,

mi timón de cuarzo.

 

Cuando mis rodillas ceden

ante el peso del lodo,

tu mirada

construye puentes

sobre el abismo.

 

Afuera aúlla el mundo.

 

La traición del viento,

las promesas

hechas ceniza de otoño.

 

Pero nos defendemos.

 

Tus dedos y los míos

trenzan un escudo.

 

Bebemos la luz secreta

que quedó en el fuego.

 

Limpiamos el ala herida.

 

No hay tiempo

para el invierno.

 

El porvenir nos llama

con prisa de relámpago.

 

Ya navegamos, juntos,

hacia un mañana

sin calendarios.