Deceso

Bethzaida | Gen6

 

 

Muere el cuerpo y el alma,

pero nunca el deseo

ni la esperanza.

 

La lucha es corta,

y los años pasan rápido

sin darnos tiempo

de vivir a plenitud.

 

El cuerpo y la piel

se van pudriendo,

mas el corazón

continúa joven

y anhelante.

 

Existir con la incertidumbre

de la vida y la muerte…

odiada desdicha del humano.

 

Y soñamos con aquel bendito

alquimista

que encuentre la fórmula

de la vida eterna.

 

Mas marchamos,

con pesados pasos,

al Seol,

sin poder detener

la fatídica

desventura nuestra.

 

Miramos con horror

e inevitable resignación

cómo se van secando

nuestras manos

y labios.

 

Y apenas abrimos

los ojos a la vida,

caemos rendidos

del sol de la vida

a la paz infinita

del deceso.

 

Lastimosa situación:

luchar por vivir

sabiendo cuál es

el inevitable destino

de la vida.

 

El Gehena nos consume

desde cada célula,

cada átomo.

Caemos con los brazos abiertos

y la mente alerta…

sin vivir jamás

nuestro último verano.

 

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  • Autor: Bethzaida | Gen6 (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 15 de junio de 2026 a las 22:44
  • Comentario del autor sobre el poema: La muerte... el eterno enemigo del ser humano.Este poema es una observación del proceso físico y mental al que todos nos vemos sometidos. La vida es, en cierto modo, una quimera; un espejismo que parece extenderse ante nosotros mientras el tiempo se escurre silencioso entre los dedos.Quizás por eso debemos apreciar cada día como si fuese el último, porque la verdad es que no sabemos cuándo llegará nuestro deceso.Espero les guste.Mi poesía nace más de la observación y el análisis que de la experiencia emocional inmediata. Suelo explorar los sentimientos desde la curiosidad, contemplándolos desde cierta distancia. Por eso mis metáforas y mis puntos de vista suelen ser distintos.Sin embargo, existe una extraña precisión en observar desde afuera... y desde el abismo.— Gen6
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 14
  • Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez, Lualpri, Daniel Omar Cignacco
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Comentarios1

  • Daniel Omar Cignacco

    Este poema se distingue por su ambición metafísica y su voluntad de pensar la existencia humana desde una perspectiva totalizante, donde vida y muerte no aparecen como episodios aislados, sino como un continuo inevitable que define la condición del ser. Su tono elegíaco y su imaginería solemne lo sitúan en una tradición de poesía filosófica que busca comprender la finitud no solo como hecho biológico, sino como experiencia existencial permanente.

    Uno de sus aciertos más notables es la oposición estructural entre dos dimensiones del ser humano: la corrupción del cuerpo y la persistencia del deseo. Mientras el cuerpo “se pudre” y se desgasta con el tiempo, el corazón permanece “joven y anhelante”, lo que introduce una tensión profundamente humana entre lo material y lo inmaterial. Esta dualidad sostiene gran parte del impacto del poema, ya que sugiere que la tragedia de la existencia no radica únicamente en la muerte, sino en la coexistencia simultánea de deterioro y anhelo.

    El poema también destaca por su uso de un lenguaje simbólico cargado de resonancias culturales y espirituales. Términos como “Seol” y “Gehena” amplían el horizonte del texto hacia dimensiones míticas y escatológicas, otorgando a la muerte un carácter casi arquitectónico, como si se tratara de un espacio inevitable dentro del orden del mundo. Esta elección refuerza la sensación de destino ineludible que atraviesa todo el poema.

    Desde el punto de vista conceptual, resulta especialmente potente la imagen del “alquimista” que busca la vida eterna. Esta figura no solo representa el deseo humano de trascendencia, sino también la tensión entre conocimiento y límite: la aspiración a superar aquello que define nuestra propia naturaleza finita. En este sentido, el poema dialoga con una de las preocupaciones más antiguas del pensamiento humano: la posibilidad —o imposibilidad— de vencer a la muerte mediante el saber o la transformación.

    El tratamiento del tiempo es otro de los pilares del texto. La vida aparece como un intervalo breve, casi insuficiente, en el que la plenitud se percibe como algo inalcanzable. Sin embargo, el poema no cae en un mero fatalismo simplista, sino que construye una conciencia lúcida de esa brevedad, lo que le otorga un tono reflexivo más que desesperado. La resignación que se expresa no es pasiva, sino contemplativa, como si el sujeto lírico observara su propia condición desde una distancia crítica.

    A nivel formal, la fragmentación de los versos contribuye a reforzar la sensación de avance inevitable hacia la muerte. El ritmo pausado, interrumpido por cortes constantes, imita el carácter progresivo y silencioso del deterioro, mientras que la acumulación de imágenes refuerza la densidad emocional del texto.

    En conjunto, se trata de un poema de gran coherencia temática y notable fuerza filosófica, que logra convertir la reflexión sobre la muerte en una experiencia estética de alto impacto. Su principal virtud reside en la capacidad de articular una visión trágica de la existencia sin perder profundidad conceptual, transformando la finitud humana en objeto de contemplación poética sostenida.

    • Bethzaida | Gen6

      Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer el poema con tanta atención y profundidad.

      Debo confesarte que me emocionó especialmente tu análisis porque lograste comprender exactamente las intenciones detrás del texto. No solo los símbolos o las referencias, sino también las pausas, el ritmo fragmentado y esa tensión constante entre el deterioro físico y la persistencia del deseo que atraviesa todo el poema.

      Me hizo sentir que el poema llegó al lugar al que intentaba llevarlo, porque captaste esa reflexión sobre la finitud humana no como un simple ejercicio sobre la muerte, sino como una contemplación de la condición humana en toda su complejidad.

      Agradezco profundamente la sensibilidad y el cuidado con que te acercaste al texto. Como autora, pocas cosas son tan gratificantes como encontrar un lector que logra escuchar no solo las palabras, sino también los silencios entre ellas.

      Gracias de corazón por tu lectura y por compartir una reflexión tan generosa.

      — Gen6



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