Gen6

Deceso

 

 

Muere el cuerpo y el alma,

pero nunca el deseo

ni la esperanza.

 

La lucha es corta,

y los años pasan rápido

sin darnos tiempo

de vivir a plenitud.

 

El cuerpo y la piel

se van pudriendo,

mas el corazón

continúa joven

y anhelante.

 

Existir con la incertidumbre

de la vida y la muerte…

odiada desdicha del humano.

 

Y soñamos con aquel bendito

alquimista

que encuentre la fórmula

de la vida eterna.

 

Mas marchamos,

con pesados pasos,

al Seol,

sin poder detener

la fatídica

desventura nuestra.

 

Miramos con horror

e inevitable resignación

cómo se van secando

nuestras manos

y labios.

 

Y apenas abrimos

los ojos a la vida,

caemos rendidos

del sol de la vida

a la paz infinita

del deceso.

 

Lastimosa situación:

luchar por vivir

sabiendo cuál es

el inevitable destino

de la vida.

 

El Gehena nos consume

desde cada célula,

cada átomo.

Caemos con los brazos abiertos

y la mente alerta…

sin vivir jamás

nuestro último verano.