Leyendo “El arte de la distorsión”, de Juan Gabriel Vázquez, uno aprende que lo mejor que nos ha ocurrido a los que estamos en el mundo de las palabras escritas, y leídas, es que aún afortunadamente no hemos aprendido nada, que todo está aún pendiente y esto es lo mejor que nos puede suceder en estos tiempos de tanta vaciedad. Nos dice Juan Gabriel algo tan sencillo y simple como que: “En un mundo donde los proselitismos nos persigue con terquedad admirable, un mundo donde todo – las religiones, los partidos, la publicidad televisiva y periodística e incluso la cultural y hasta la poética – intentan todo el tiempo convencernos de algo que más que aparentemente no es cierto”. la literatura valiente, digo yo por el contrario, es el lugar donde nadie quiere ni pretende convencernos de nada, es el lugar desde el cual y con palabras diferentes somos verdaderamente libre a la hora de expones la realidad y con otras, diferentes.
Movernos por este mundo quiere decir, para éste que les escribe, ir siempre y continuamente a la búsqueda de esas palabras, frases, ideas, conceptos, pensamientos, aceptaciones e incluso a veces negaciones que están ahí delante de nosotros, de nuestras narices y que en la mayoría de las veces pasamos de largo y no nos encontramos con ellas. Y es así que en esta madrugada ya del 18 de septiembre de 2012, y en esta parte de África que son las Islas Canarias, me encontré con unas palabras, una frase, en un cuento del también compañero de letras, Jorge Trimarco, en una revista literaria que son hartamente significativa y que rebosan una verdad aplastante: dice:
Una mujer viuda es quien más
sabe de los hombres…
Los hombres que
Más saben de
Ellas, están
Muertos.
Publicado en septiembre de 2012.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 15 de junio de 2026 a las 02:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 24
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., Nelly Cevallos - Liora

Offline)
Comentarios3
Creo que las palabras no descubren completamente nuestro mundo, sino que van revelando aquello que nadie a veces se atreve a reconocer o manifestar.
La viuda es la que más conoce al hombre, tal vez es porque ya la realidad está ausente.
Espero haber captado tu idea en su profundidad.
Saludos
Todo aquél que se atreve a algo es que algo busca y persigue. Gracias por su opinión Salvador.
Nkonek, encuentro muy sugerente esta reflexión sobre la literatura como un territorio ajeno a los proselitismos y abierto, en cambio, a la duda, la búsqueda y la complejidad de la experiencia humana. En tiempos donde tantas voces parecen empeñadas en ofrecernos respuestas definitivas, resulta valioso reivindicar el derecho de las palabras a formular preguntas y a desacomodar nuestras certezas.
Me ha parecido especialmente significativa la idea de que quienes transitamos el mundo de la lectura y la escritura seguimos teniendo la fortuna de no haber aprendido del todo, porque es precisamente esa incompletud la que mantiene viva la curiosidad y el asombro.
El cierre, con la cita de Jorge Trimarco, añade una dimensión profundamente humana a la reflexión: la conciencia de que incluso el amor y la convivencia conservan zonas de misterio que ninguna certeza alcanza a agotar.
Gracias por compartir este texto que invita, más que a asentir, a detenerse y pensar.
— LIORA
La Literatura, y dentro de ésta y en este caso la Poesía, siempre ha sido y actuado como un acto de conciencia social, humana, e incluso y en cierto modo como un arma de lucha; esto ha sido siempre así menos para los hipócritas que se han adueñado, o lo creen, de la palabra escrita para hacer uso de la manipulación, sé de qué hablo.
Desgraciadamente no son tantas las voces empeñadas en ofrecer respuestas: hay miedo; lo hay porque los que – lo digo en sentido histórico, real -, han luchado y aún lucha por abrir nuevos caminos en todos los campos y no sólo en la Literatura saben muy bien quién y quiénes tienen todo el poder absoluto para, si se diera el caso, matar; esto no es exageración como se podría pensar: exageración es negar que estos hechos ocurren.
Sobre lo que usted dice y menciona acerca del derecho de las palabras a formular preguntas y desacomodar nuestras certezas, le daré ejemplos de lo contrario.
Si hay algo de lo que se ha alimentado la sociedad humana ha sido de la curiosidad, del querer saber, del poder de asombrarnos, fue así hasta que otra sociedad supo que esto atentaba contra sus privilegios; de ahí en adelante quienes optamos por una lucha concreta pasamos al grupo de los ninguneados, ¿O es que usted no lo ha notado aquí mismo?
Le agradezco su comentario, ha servido para mucho. Gracias.
Un texto muy interesante que nos recuerda que la literatura no está para imponernos verdades, sino para hacernos pensar y mirar la realidad desde otras perspectivas. Me gustó especialmente la reflexión final, breve pero profunda, porque encierra una gran verdad sobre el amor, la pérdida y el conocimiento que nace de la experiencia.
Saludos cordiales.
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