Poema Eterno II

Lilia Molina Fernández

 

Poema Eterno (II)

Deja que su voz

se deslice como verso libre

por la geografía de tu cuerpo,

que las palabras no pidan permiso

y entren,

como entra la noche

cuando el deseo ya está despierto.

Le habla con metáforas lentas,

aprisiona sus silencios con las manos,

hace de sus caderas

un párrafo inconcluso

donde las rimas

encuentran descanso.

Quiere expresarse en soneto,

medirse en endecasílabos exactos,

ser la pausa precisa

entre su sed y su nombre,

la cadencia que ordena

el temblor de su aliento.

Y si le faltan palabras,

las deja caer en sus pupilas,

porque sus ojos saben leer

lo que su boca calla

cuando la poesía

se vuelve piel.

Que la décima cierre la noche

con su perfección secreta,

que el último verso amanezca

sin punto final,

porque donde empieza su poema

se quedó ella,

eterna,

esperándole.

 

17/02/26

Lilia Molina Fernández 

#poetadeliciense

Lia Fernández

 

 

 

Comentarios +

Comentarios2

  • versos finitos

    Hermoso poema, tiene la delicadeza de algo grande. Felicidades

    • Lilia Molina Fernández

      Muchas gracias bien sabes que los comentarios alimentan el alma
      Saludos

    • Daniel Omar Cignacco

      Este poema se distingue por una notable sofisticación metapoética, en la que el acto de amar se confunde deliberadamente con el acto de escribir. La voz lírica no describe simplemente una experiencia erótica o afectiva, sino que la convierte en una reflexión sobre el lenguaje mismo: sus límites, sus formas y su capacidad de encarnar el deseo. En este cruce entre cuerpo y escritura reside una de las mayores virtudes del texto.

      Desde el inicio, el poema establece una imagen poderosa: la voz que se desliza “como verso libre por la geografía del cuerpo”. Esta metáfora fundacional no solo erotiza el lenguaje, sino que también corporaliza la poesía, sugiriendo que el discurso no es abstracto, sino una fuerza que recorre, toca y habita. El cuerpo deja de ser objeto de contemplación para convertirse en territorio textual, un espacio donde las palabras se mueven con libertad estructural y sensorial.

      Uno de los aspectos más logrados es la tensión entre libertad y forma. El poema oscila constantemente entre el verso libre y las estructuras métricas tradicionales —soneto, endecasílabo, décima—, lo que no es casual, sino profundamente significativo. Esta alternancia refleja la dualidad del deseo: por un lado, su carácter indomable; por otro, la necesidad humana de ordenarlo, de darle forma, de convertirlo en arte. El amor aparece así como una fuerza que desborda la forma poética, pero al mismo tiempo la reclama.

      Especialmente destacable es la manera en que el lenguaje se vuelve sensorial sin perder densidad conceptual. Expresiones como “las palabras no pidan permiso y entren como entra la noche” o “sus caderas un párrafo inconcluso” construyen una equivalencia entre gramática y corporalidad que resulta tanto imaginativa como coherente. El poema sugiere que la escritura no es una representación del deseo, sino su propia materialización.

      El tratamiento de la mirada y el silencio también aporta profundidad simbólica. Los ojos que “leen lo que la boca calla” introducen una dimensión de comunicación más allá del lenguaje verbal, donde la poesía se desplaza hacia lo no dicho, lo insinuado. Esta idea refuerza la concepción del poema como un espacio donde lo invisible adquiere forma.

      El cierre del texto es particularmente eficaz en su ambigüedad temporal y emocional. La ausencia de punto final y la imagen de un verso que “amanece” sugieren una continuidad del deseo más allá de la escritura, como si el poema no concluyera en sí mismo, sino que se prolongara en la experiencia vivida. La figura final de la ausencia-presencia —“donde empieza su poema se quedó ella”— convierte el acto poético en una huella permanente, suspendida entre memoria y deseo.

      En conjunto, se trata de un poema de gran madurez estética, que combina sensualidad, reflexión sobre el lenguaje y conciencia formal. Su mayor logro reside en convertir la escritura en una extensión del cuerpo amado y el cuerpo en una forma de texto, logrando una fusión coherente entre erotismo y poética que trasciende lo meramente descriptivo para alcanzar una dimensión conceptual y artística de notable profundidad.

      • Lilia Molina Fernández

        Maravillosa descripción del poema eterno Il seguiré construyendo el poema eterno lll me llena de regocijo , gracias mil






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