Hoy le hablo a tus rodillas
No a la boca, ni al beso.
A su redonda paciencia de piedra gastada.
A su arduo oficio de bisagra.
A tu nariz, centinela del aire,
proa abierta a la tormenta de un aroma.
Capitana de vientos,
y miles de respiraciones.
Y qué poco he dicho del omóplato,
ala plegada, pájaro inmóvil,
argucia espigada que el hombro
esconde en tu espalda.
Le hablo a tu codo,
promontorio terrestre, cabo oscuro
donde naufragaban mis manos.
Roca doméstica doblada como un crepúsculo.
Podría vivir años
dentro de la geografía ecuatorial de tus caderas.
Allí construiría puertos, ferrocarriles,
repúblicas enteras.
Mientras otros celebran tus ojos,
yo prefiero esa llanura austera
en la que tus piernas cambian de idea
y continúan viaje hacia la tierra.
Hay una hermosura que se obstina
en aquello que trabaja sin aplausos:
Como si tu cuerpo supiera que la belleza
también sucede más allá
de lo que muestran los retratos.
-
Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de junio de 2026 a las 00:43
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 30
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., WandaAngel, Osler Detourniel, Maby De los Peña
- En colecciones: Uno.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.