Eduardo Villacal (seudónimo)

Hoy le hablo a tus rodillas

Hoy le hablo a tus rodillas

No a la boca, ni al beso.

A su redonda paciencia de piedra gastada.

A su arduo oficio de bisagra.

 

A tu nariz, centinela del aire,

proa abierta a la tormenta de un aroma.

Capitana de vientos,

y miles de respiraciones.

 

Y qué poco he dicho del omóplato,

ala plegada, pájaro inmóvil,

argucia espigada que el hombro

esconde en tu espalda.

 

Le hablo a tu codo,

promontorio terrestre, cabo oscuro

donde naufragaban mis manos.

Roca doméstica doblada como una tarde.

 

Podría vivir años

dentro de la geografía mineral de tu codo.

Allí construiría puertos, ferrocarriles,

repúblicas enteras.

 

Mientras otros celebran tus ojos,

yo prefiero esa península austera

en la que el brazo cambia de idea

y continúa hacia el mundo.

 

Hay una hermosura obstinada

en todo lo que trabaja sin aplausos:

Como si tu cuerpo supiera que la belleza

sucede lejos de los retratos.