Quién pudiera, esquivando las injusticias del tiempo,
permanecer por siempre a tu lado,
atender a tu suave y bello canto.
Si me hundo en tu recuerdo
puedo sentir que esto no ha acabado,
que el tiempo no me ha traicionado:
tú estás aquí y yo a tu lado.
¿Acaso me velas en las noches donde tu fulgor me falta?
Me acaricias y me hablas,
me repites que nada acaba
y, en un suspiro, el tiempo ya no pasa.
Pero veo a lo lejos
volver el vendaval, y me pregunto:
¿quién vendrá a salvarme cuando este me arrastre hacia el mar?

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