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Madre

Quién pudiera, esquivando las injusticias del tiempo,

permanecer por siempre a tu lado,

atender a tu suave y bello canto.

 

Si me hundo en tu recuerdo

puedo sentir que esto no ha acabado,

que el tiempo no me ha traicionado:

tú estás aquí y yo a tu lado.

 

¿Acaso me velas en las noches donde tu fulgor me falta?

Me acaricias y me hablas,

me repites que nada acaba

y, en un suspiro, el tiempo ya no pasa.

 

Pero veo a lo lejos

volver el vendaval, y me pregunto:

¿quién vendrá a salvarme cuando este me arrastre hacia el mar?