Veo en aquel rostro recordado
un espejo de la desdichosa
soledad,
un espejo atroz que no tiene marco,
pero que su cristal es hondo y vasto.
Polvo, sueño y sangre conforman al tiempo,
aquel oscuro río del cual pertenezco
y no se queda quieto, a pesar que la barca de nuestro amor
haya fotografíado
la imagen de aquellos momentos
de la corriente, que vuelven inmortales
en mi debil recuerdo
e incesantes.
Mis pobres ojos no volverán
a ser testigos de ese amor fugaz pero eterno
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Autor:
el bardo (
Offline) - Publicado: 12 de junio de 2026 a las 18:31
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Sheilo Sanz

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