Relocos y recuerdos

Annet Ramon

Hay gente que se besa desesperadamente

como si la fusión fuese una promesa,

como si en ese choque de bocas

pudieran suspenderse por un instante

las leyes del tiempo

y la gravedad del miedo.



Hay gente que compone poemas

para amantes lejanos,

porque escribir un verso

es la manera más antigua

de tocar a alguien sin tener su cuerpo.



Hay gente que cuenta sus miedos y heridas

y entrega las llaves de su dolor

como quien deja abierta la puerta de su casa

en medio de la noche,

sin saber si entrará un abrazo

o un incendio.



Hay gente que viaja muchos kilómetros

por un par de tetas lindas

y unas sonrisitas indiscretas,

porque el deseo también tiene brújula

y a veces apunta

más certero que cualquier mapa.



Hay gente que imagina

el calor de la piel ajena,

y se masturba

con la dulce voz de las musas,

como si la imaginación

fuera un incendio pequeño

que arde en secreto

dentro de la carne.

 

Hay gente realmente loca

que llora de amor y de gratitud,

que se descubre un día

con los ojos mojados

solo porque alguien existe.

 

Hay gente que guarda nombres

como quien guarda brasas,

y sopla sobre ellos

cada vez que llega la noche.

Hay gente que se atreve

a decir lo que siente

aunque se rompa el pecho

en el intento.



Y luego estamos los otros,

los verdaderamente dementes:

los que tomamos todo eso 

los besos,

las lágrimas,

la distancia,

el deseo,

las tetas lindas,

las voces que incendian la imaginación

y lo convertimos en palabras.



Porque escribir sobre el amor

no es una prueba de cordura.

 

Es una confesión.

Una manera elegante

de admitir

que también estamos perdidos

en el mismo delirio

que todos los demás.

Comentarios +

Comentarios1

  • ANGHELUZ.

    Hay personas que tocan el alma
    porque sus letras tienen el mismo origen y el mismo destino...

    Hay personas que en la locura coincidente
    encuentran tanta cordura
    entre la ternura que les rebasa el deseo
    y la necesidad del vacío vuelto silencio.

    Hay personas que se sanan en el dolor mismo
    como materializando el sentir
    que en cada latido pretende convertirse
    en bálsamo o poema tatuado en la piel.

    Al final todas esas personas
    somo todos, tan idealistas y locos
    tan grandes y eternos
    tan pequeños y efímeros
    como besos que en un segundo
    se vuelven suspiros...


    ANGHELUZ





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