La bahía tenía cierto deje a nostalgia,
y la orilla danzaba,
con un trazo invisible
constelación de agua sin reflejo,
y la espuma eran puntos en la gran cicatriz
de la resaca,
esa imborrable línea del contacto.
En la arena, fugaz.
Y la arena es el mar que abandona su cuerpo.
Algo de alma se funde con la tierra,
transparenta el espacio y azulea la incógnita
de la luz,
y responde a la única cuestión:
“Sí que puede cambiar el tono y el color del universo.”
II
La lumbre alimentaba los espacios,
cuando el hambre cerraba mis ojos en un puño.
Te vi llegar, nutrida de deseo,
perseguida por soles favorables,
arrebol y mirada,
cumpliendo tus promesas calladas y nacidas en un sueño.
Recuerdo aquel encuentro en el que naufragué,
cuando intenté tocarte sin haberte besado,
sin haber visto el haz que desprendías,
fui a ciegas, fui muy yo, poca luz, poco tú.
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Autor:
Alma Segura (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de junio de 2026 a las 05:35
- Comentario del autor sobre el poema: Instantes de vivacidad sentimental. Dos breves que intentan dar alcance a la ilusión de las palabras.
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, Nelly Cevallos - Liora, Lucía Gómez, Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel

Offline)
Comentarios1
Estimado Alma Segura, me resultó especialmente sugerente la manera en que conviertes el paisaje en un espacio de resonancia emocional. “La arena es el mar que abandona su cuerpo” es una imagen de gran belleza y profundidad, capaz de transformar lo cotidiano en revelación. También me conmovió el cierre del poema; ese “fui muy yo, poca luz, poco tú” resume con honestidad la dificultad de encontrarnos verdaderamente con el otro cuando aún habitamos nuestras propias sombras. Gracias por compartir estos versos de delicada melancolía y cuidada elaboración poética.
— LIORA
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