LA DULCE MAR II

racsonando



VOLVÍ DESPUÉS A LA MAR DESEADA

"Dicen que todos los caminos conducen a alguna parte...

Los míos, en cambio, siempre terminan en la mar.

Porque hay aguas que uno atraviesa,

y otras que lo atraviesan para siempre".

 

Mar...

llámame.

Mar...

nómbrame.

Mar...

bórrame.

Mar...

vuélveme niño.

Volví después a la mar deseada.

Y en los ojos de un niño recordé.

Renací, probé, reviví tus aguas de prófugas marcas.

Fui el buzo de un barco de papel olvidado,

desenterrando de la arena los mapas del ayer.

Un sol de olas, salitre y paz.

Te besé y te besé,

y tú, con un horizonte de albatros,

me dibujaste sobre el poniente

tu amor de estrella fugaz.

Mar...

llámame.

Mar...

nómbrame.

Mar...

bórrame.

Mar...

vuélveme niño.

Tu vientre de balsa y de espuma viva

me trajo el secreto de la noche encendida;

allí donde el agua es fuego azul

y la corriente suspira.

Delfines de fina figura

me visten de lágrimas azules

y de música sobre la mar.

Estrellas y caracolas

una historia me quieren contar:

la fábula antigua

del viento en la vela,

del náufrago eterno

que aprende a cantar.

Mar...

guárdame.

Mar...

cántame.

Mar...

bórrame.

Mar...

vuélveme niño.

¡Aguas marinas,

mi sol y eternidad!

Mar...

ya eres agua.

Mar...

ya eres viento.

Mar...

ya eres canto.

Mar...

ya eres mar.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.

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  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 10 de junio de 2026 a las 14:00
  • Comentario del autor sobre el poema: El eterno retorno al mar deseado. Esta obra poética explora la conexión profunda y espiritual entre el autor y el océano, presentándolo como un destino final inevitable para el alma. A través de una lírica nostálgica, el narrador describe un renacimiento personal al reencontrarse con las aguas, donde busca recuperar la pureza de la infancia y la paz interior. El texto utiliza imágenes de naturaleza marina y naufragios simbólicos para ilustrar una entrega total hacia la inmensidad del paisaje. La relación se manifiesta como un ciclo de transformación constante, donde el mar actúa como un refugio sagrado que limpia el pasado. Finalmente, la composición exalta la eternidad del espíritu al fundirse con los elementos naturales, convirtiendo el acto de navegar en una canción de vida.
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 12
  • Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, racsonando, Poesía Herética, Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez, Tommy Duque, Javier Julián Enríquez, Osler Detourniel, Henry Alejandro Morales, CARMEN DIEZ TORÍO, Raúl Macías
  • En colecciones: ¡Los ojos de mis devaneos!.
Comentarios +

Comentarios4

  • Poesía Herética

    El incesante ir y venir del oleaje, siembre limpia, siempre barre, siempre es refugio y también escape.

    Gracias por compartir.

  • Salvador Santoyo Sánchez

    Bellísimo poema y melodía.

    Saludos poeta, grandiosa es la música
    que magnífica las letras.

    Saludos cordiales amigo Racsonando

  • Henry Alejandro Morales

    ¡Magistralmente hermoso! Mi apreciado poeta y amigo! un texto escrito con mucha nostalgia y una sensibilidad sencillamente extraordinaria, el acompañamiento musical le da un toque muy hermoso a la obra, ¡Mis mas sinceras felicitaciones!
    Desde la gratitud y el verso!
    Henry Alejandro Morales

  • Javier Julián Enríquez

    Muchas gracias, estimado amigo Racsonando, por este bello poema, en el que se vislumbra cómo la reiterada mención del mar en el mismo podría sugerir una conexión metafísica y existencial de gran intensidad. En tal contexto, se percibe que la voz poética, en su búsqueda de una conexión más cercana con lo esencial, trasciende la mera observación geográfica, al establecer un diálogo íntimo con este elemento primordial. Por su parte, la mar, lejos de ser un mero telón de fondo, se convierte en un personaje en sí mismo, un receptáculo de memorias y un agente de transformación por así decirlo. En esta línea, el acto de «ser el buzo de un barco de papel olvidado» y «desenterrar mapas del ayer» parece sugerir una reflexión sobre la arqueología del alma, la exploración de los vestigios de la existencia para reconstruir la narrativa personal. A este respecto, la metáfora del «sol de olas, salitre y paz» encarna la armonía que se encuentra en esta comunión, un estado de beatitud en el que la naturaleza y el espíritu se unen. El naufragio, pues, lejos de ser el final, representa una oportunidad para que el ser humano experimente una transformación personal y encuentre en el canto una forma de expresar su fortaleza interior. En relación con esto, la súplica final «guárdame, cántame» cierra el ciclo de entrega, que expresa una solicitud de preservación y elevación del ser a través de la armonía del cosmos.
    Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio



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