Soñando el óleo, y del hado llevados,
a un cielo, no profundo, persuadidos,
por verdadero abismo recibido,
cabalgamos inmóviles los llanos.
Donde argentadas cumbres, ya trazadas
por invisible mano artificiosa,
a nuestros ojos dan por poderosa
naturaleza lo que son jornadas
de un pincel; y el prado, que engañoso
verde ostenta en lisonja de la vista,
con dulce hechizo el juicio nos conquista
y hace firme lo vano y lo dudoso.
Así, de nuestra condición cautiva
siguiendo la porfía más severa,
ley juzgamos la imagen que no era
más que pintura muda y fugitiva.
Y viendo en cada línea detenida
la secreta señal de un alto dueño,
hicimos del contorno breve un sueño,
y del sueño la forma de la vida.
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Autor:
Verbo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 31 de agosto de 2026 a las 09:18
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, crisantemo, Antonio Pais, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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