Verbo

Pintura

Soñando el óleo, y del hado llevados,

a un cielo, no profundo, persuadidos,

por verdadero abismo recibido,

cabalgamos inmóviles los llanos.

Donde argentadas cumbres, ya trazadas

por invisible mano artificiosa,

a nuestros ojos dan por poderosa

naturaleza lo que son jornadas

de un pincel; y el prado, que engañoso

verde ostenta en lisonja de la vista,

con dulce hechizo el juicio nos conquista

y hace firme lo vano y lo dudoso.

Así, de nuestra condición cautiva

siguiendo la porfía más severa,

ley juzgamos la imagen que no era

más que pintura muda y fugitiva.

Y viendo en cada línea detenida

la secreta señal de un alto dueño,

hicimos del contorno breve un sueño,

y del sueño la forma de la vida.