Auschwitz
Lo arrancaron de la cama una madrugada,
lo separaron de su esposa y sus hijos.
Lo subieron al vagón de un tren sin nada,
no sabía cual sería el final de su destino.
Presagiaba muerte, su tristeza lo anticipaba,
pero ella del dolor, solo sería el principio.
La muerte todo el tiempo lo observaba,
con ojos hondos como precipicio.
Desprecio le asestaban sus palabras,
calor inhumano a veces, o agonía de frío,
según el clima o el humor de quien vigilaba.
Pies descalzos sobre nieves de ríos,
traslados entre miles, personas asfixiadas,
frío y calor, sin ventilación y sin abrigo,
y el hambre que a alimentar ya comenzaba,
sus caídas, sus miserias y su olvido.
Que la cabeza para mirarlo no levantaran
un raza aria con un golpe le dijo
sobre los huesos, sobre su piel lastimada
que ya no le servía ni de sostén, ni de nido.
No le quedaban recuerdos, no tenía nada:
ni pan, ni dignidad, ni familia, ni amigos.
Habían reducido su cuerpo a la mitad,
hasta su sombra se había rendido.
Resignado deseó fuera su pronto final,
empezó a hacer todo aquello prohibido.
El fin quería, con un golpe de un militar.
A la muerte desde el piso miraba con cariño.
Pero cuando levantó la vista, ya sin dignidad...
La vio...
Vio sus ojos azules del otro lado del tejido.
Su cuerpo destruido igual que el suyo.
Su alma muerta y sus temblores de frío.
La vio...
Vio sus ojos azules y encontró un mundo,
pequeño, menos desprecio y menos martirio,
ahora con una razón, un suspiro lo contuvo,
razón pequeñita que le pedía vida a gritos.
La vió.
Debía darle fuerza a esos ojos azules suyos
que le suplicaban no deseara lo mismo:
la muerte serena que los alejara del humo
en que sus pares ya se habían convertido.
La vió.
¡No te rindas! lLe suplicó, ojos mudos...
No te rindas, nos quieren vencidos.
Espérame, si me buscas te busco.
¡No te entregues!... Es el último sacrificio,
parecían decirle esos ojos de mar oscuro.
La vió.
Y una suave sonrisa o algo parecido
le susurró que ya no eran solo un número.
Esos ojos azules le devolvieron el sentido,
y con ellos calmó un insomnio de muchos.
Pues supo que en la mañana...
podrían haberse ido...
Con todo lo que amaba
como lo que alguna vez había tenido.
No le quedaba nada.
Solo esos ojos azules. Ayer lo habían visto.
No era un fantasma.
Esos ojos azules... ayer lo habían visto...
Continuará...
AUTOR: ELHEN AMORADO
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Autor:
Elhen Amorado de Lahvida (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de junio de 2026 a las 22:24
- Comentario del autor sobre el poema: Perdón por la extensión, no tengo la capacidad de síntesis de mi amigo Éusoj, que le envidio (sanamente, por supuesto; él con muy pocas palabras dice mucho más que yo, pero a mí no me sale, jejeje, por eso lo admiro). Pero es una bella historia que amerita un relato que no se puede resumir. En breve la segunda parte y desenlace. Saludos a todos los poetas.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Noa Subin, Salvador Santoyo Sánchez, **~EMYZAG~**, Poesía Herética

Offline)
Comentarios1
La verdad que no me molestó para nada que sea extenso, más bien, se me hizo corto y, es verdad, ese tipo de historias no se puede ni debe resumir.
Es tan horrible y tan hermoso al mismo tiempo. Espero el desenlace, con ansias y miedo.
Saludos afectuosos y un abrazo cálido.
Gracias María! Tus palabras alimentan el alma e inspiran. Gracias por tu presencia. Abrazo gigante!!
💙🤍
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