Desnudo mi alma en el vacío:sé a dónde voy y sé a dónde dirigirme.
Los demás, ya muertos, se aferran a la mentira de la vida; los veo caer en una cascada infinita.
Finita su apología,tan corta es la sustancia de lo que llaman alma.
En este último respiro,habito un lugar donde nunca estuve. Estuve en los besos que jamás obtuve, y ahora solo quedan los brazos que me negaron el derecho a la urbe.
No puedo esperar a los dioses que se han creado con palabras. Están flotando en muerte, en la sangre que engendra el calor común.
Aquí está mi ataúd. Sé que no debí pertenecer a estos cielos disfrazados de azul.
Mi pijama de abedul se consume al respirar el rancio perfume del mal.
Inspirando mi condena, nos descubro atados a un paraíso que no existe, ni existirá jamás.
Sé que no estoy solo en este frío: las letras reconstruyen mis tejidos desde el vacío.
Aquellas palabras que no irán a donde creyeron pertenecer...Ser real duele, pero es lo único que sé ser.
-Juan Diego Kammler
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Autor:
Juan Diego Kammler (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de junio de 2026 a las 20:38
- Comentario del autor sobre el poema: La verdad aísla y lastima, pero es lo único que nos salva de ser fantasmas en el teatro de los demás. Es preferir la intemperie de la realidad antes que el refugio de una mentira compartida.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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