Erigió una saeta el jardinero.
Construyó un reloj inmarcesible
sembrando un ciprés incorruptible
que señala la bóveda del cielo.
No mide el tiempo fugaz, lo traspasa
con quietud elegante y permanente
en su pequeño espacio. Mansamente
ve cómo el universo se desplaza.
Testigos de una vida trascendente
llevan por la vereda al cementerio
procesiones de amigos y parientes
juzgando de la vida y sus maneras.
La evolución transmite este misterio:
su gálbula sugiere calaveras.
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Autor:
Juan Iscar (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de junio de 2026 a las 20:01
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez
- En colecciones: Atardecer.

Offline)
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