El ciprés

Juan Iscar

 

Erigió una saeta el jardinero.

Construyó un reloj inmarcesible

sembrando un ciprés incorruptible

que señala la bóveda del cielo.

 

No mide el tiempo fugaz, lo traspasa

con quietud elegante y permanente

en su pequeño espacio. Mansamente

ve cómo el universo se desplaza.

 

Testigos de una vida trascendente

llevan por la vereda al cementerio

procesiones de amigos y parientes

 

juzgando de la vida y sus maneras.

La evolución transmite este misterio:

su gálbula sugiere calaveras.



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