El Pecar

R.

Si quieres pecar, llámame,

porque en mi mente habitan los pecados más dulces,

y tú eres el que más se repite,

la tentación donde quisiera consumirme.

Quiero morir en el hechizo de tus labios,

sin pedir perdón ni esconder el deseo;

que los versos inocentes pierdan el rumbo

y encuentren refugio en tu piel y en tu recuerdo.

Que cada palabra escrita se vuelva fuego,

que cada mirada prolongue la condena,

y que el suspiro de tu respiración cercana

sea la promesa de querer volver una vez más.

Que tus caderas sean la coma de esta historia,

esa pausa que invita a continuar el verso,

mientras el tiempo se rinde lentamente

y el deseo escribe lo que el corazón no se atreve a decir.

Y así, entre silencios y latidos,

comience este poema interminable,

donde el único pecado verdadero

sea no olvidarte 



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