Luqhirata
Había una vez, bajo un puente,
donde el bullicio sostiene al albedrío,
el libre trazo de un impostor enjaulado.
Curaban la fiebre y la cirrosis con alcohol;
zapatos viejos, gastados pero sabios,
en plena huelga de amor.
Polizones de hielo en el alma
se preguntaban:
¿Por qué rezar un domingo?
(En la mesa, el delirio me oprimía la lumbre).
Érase una vez en una garita fría,
con el hollín de una lengua pasada.
Tibia y arrodillada,
creyéndole los propósitos a Dios.
Había una vez, en una pila de libros viejos,
en el lomo de un lobo presumido,
en la estaca altanera:
ojos de arena que detallaron el tiempo cruel.
Encima de un lunes metaficcional pero sin portal,
el diablo de siempre, aburrido,
iba suspendiendo corazones.
(Te he visto llorar miel).
Érase mil veces un perfume incapaz de llenar el aire,
aroma de traspié,
de mosca en el señuelo.
¿A qué huele tu sombra?
Un perfume para aliviar a los invisibles,
fragancia de una muerte extraña
a la que le apetece el cielo.
Había una vez un lugar tan oscuro
que era hermoso quedarse allí, inmóvil.
Gozó de verte en esa penumbra,
tan profunda y temprana,
escribiendo con mil biromes calaveradas
la locura, la sensatez,
la belleza, el caos,
la libertad y el amor.
(Me siento gracias).
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Autor:
Matu (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de junio de 2026 a las 17:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.
- En colecciones: Clam.

Offline)
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