El Vuelo del Ancla

jtaltuve

 

​En el templo sagrado de la frente,

donde habitan mil soles de razón,

se esconde la más triste prisión:

la mente encadenando a su creyente.

 

​Es la paradoja del que vuela y siente

que sus alas son de plomo y de carbón.

Sabe del viento, del cielo y su color,

pero muere de pie, siendo la fuente.

 

​¡Qué cruel es la ironía del destino!

El genio que diseña los altares

no se atreve a rezar ni a dar un paso.

 

​Mientras el necio, ciego en su camino,

cruza la mar y conquista los lugares

que el sabio dibujó para su ocaso.

 

​Tienes sesenta latidos de esperanza,

un minuto de luz, un solo aliento.

No le des a la mente más sustento

que ahoga la verdad en su balanza.

 

​Si tu intelecto frena lo que avanza

y disfraza el temor de entendimiento,

rompe el reloj, apaga el pensamiento,

que vivir no es saber... es una danza.

​Deja ya de tejer la telaraña.

 

El instinto no miente, no demora,

la intuición en un grito te reclama:

​Despierta del letargo que te engaña,

la vida que te debes es ahora,

o serás solo cenizas en la llama.

JTA. 

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  • Autor: jtaltuve (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 5 de junio de 2026 a las 11:50
  • Comentario del autor sobre el poema: Hoy quiero confesarles qué me inspiró a escribir «El Vuelo del Ancla» y qué es lo que busco despertar en sus corazones con este lienzo de palabras. ​La inspiración nació de una dolorosa paradoja: notar cómo nuestra inteligencia, en lugar de ser el motor que nos impulsa, se convierte en el ancla que nos detiene. Nos da seguridad en la tormenta, sí, pero nos condena a la inmovilidad. Llamamos «prudencia» al miedo y le ponemos un vocabulario técnico para que suene respetable. Pero un barco no se construyó para vivir atado al puerto. Este poema es mi rebelión: el acto milagroso de tomar lo que más nos pesa —nuestros propios pensamientos— y obligarlo a volar, usando la regla de los 60 segundos como un filo para cortar la cadena antes de que el cerebro invente otra excusa. ​Con este cuadro no pretendo regalarles frases bonitas; pretendo entregarles un espejo para que experimenten tres verdades descarnadas : ​El reconocimiento: Que identifiquen esa parálisis silenciosa y dejen de llamarla «preparación»; entender que cada pausa innecesaria es auto-sabotaje. ​La incomodidad: Sentir la ironía de saber que alguien con menos recursos ya está logrando lo que ustedes siguen evaluando en su cabeza. ​La liberación: Que recuerden que la verdad siempre habita en el primer minuto; todo el análisis posterior es solo miedo disfrazado de lógica. ​¿A dónde quiero llegar con esto? A su éxito radical. Me niego a aceptar que el mundo se pierda de seres brillantes solo porque están atrapados en su propia cabeza. Quiero que al cerrar la última estrofa del poema, dejen caer su armadura intelectual, respiren hondo, miren ese proyecto postergado, cuenten hasta sesenta... y salten. ​Porque cuando logramos que nuestras anclas vuelen, el impacto transforma todo lo que tocamos. No escribo para recibir el aplauso de una rima; escribo para verlos moverse. JTA.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 9
  • Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Nelly Cevallos - Liora, racsonando, Antonio Pais, MISHA lg, Sergio Alejandro Cortéz, Javier Julián Enríquez


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