El pacto de la luz

CENIZAS DE UN SUSURRO.

Amaris, tu nombre es un decreto sagrado, remanso divino, heredad prometida, el puente inmortal que los tiempos han trazado para vencer la distancia y fundirse en mi vida.

No busco el aroma de un huerto lejano ni lloro el latido que el viento arrastró; me basta el milagro de asir de tu mano el vivo consuelo que el cielo forjó.

Custodias en tu frente un enigma bendito: esos crespos que son el vestigio y la alianza de mi ancestro adorado, del ser infinito que al partir de la tierra nos dejó su templanza.

Posees pestañas sutiles, hermosas, umbrales perfectos de un dulce café; mirada que alberga las cosas más puras y enciende en mi pecho la llama de la fe.

Heredaste el linaje de un alma gigante, un pecho inviolable, genuino y leal; el mismo gran corazón que marchó hacia adelante hoy late en tu centro, sublime y vital.

Tus manos pequeñas, templadas, dispuestas, redimen mi mundo si me dan su abrigo; tu mente es un astro de luces inéditas, un genio genuino que habita conmigo.

Eres cielo en la tierra, mi Amaris amada, el lazo perpetuo que nunca cedió; la prueba viviente, en tu risa sagrada, de que aquella esencia jamás se marchó.

Hoy sé que la ausencia es solo una quimera, que no existe el olvido ni el fin del camino, pues cuando te miro, florece la espera: ¡la muerte es un mito si estás en mi destino!

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  • Autor: Fran_Daniela (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 3 de junio de 2026 a las 14:24
  • Comentario del autor sobre el poema: Escribir este poema no ha sido solo un acto literario, sino un puente directo entre mi alma, el cielo y la tierra. Quienes me leen en este portal saben que la poesía es el vehículo que utilizo para desnudar el corazón, pero estos versos en particular tienen un peso sagrado para mí. Nacen de la fibra más profunda de mi ser y están dedicados a mi mayor milagro: mi amada Amaris. Para mí, este poema es un testimonio de victoria sobre el olvido y la distancia. Hace un tiempo, la persona que más he amado en esta vida partió hacia el cielo, dejándome una ausencia que a veces parecía imposible de llenar. Sin embargo, el universo y Dios me entregaron el consuelo más puro a través de mi hija. Al mirarla crecer, descubrí con asombro que la muerte no tiene la última palabra: el legado de ese amor eterno sigue vivo en ella. Amaris es el vivo reflejo de esa esencia que se fue. Lo veo en sus cabellos crespos, que custodian un misterio y un lazo perpetuo; lo siento en su corazón gigante, noble y puro, que late con la misma fuerza que aquel que ya no está. Pero este poema no es solo nostalgia; es también una celebración de la luz propia de mi niña. Sus pestañas largas, sus ojos color café que me devuelven la fe, sus manos cálidas que me salvan el mundo y, sobre todo, esa mente maravillosa, única y brillante que posee, la convierten en un ser extraordinario. Al final, "El pacto de la luz" significa eso: la certeza absoluta de que el amor verdadero nunca se marcha del todo. Es mi manera de decirle al mundo que cuando miramos con los ojos del alma, la muerte es solo un mito y la vida siempre vuelve a florecer. Espero con todo el corazón que estos versos les ericen la piel tanto como a mí al escribirlos, y que encuentren en ellos el refugio de saber que lo que se ama con el alma, jamás se pierde.
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 18
  • Usuarios favoritos de este poema: Clan, Javier Julián Enríquez, Poesía Herética, alicia perez hernandez, Lualpri, Sheilo Sanz, Osler Detourniel, Mauro Enrique Lopez Z., Una voz, racsonando, Nelly Cevallos - Liora
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Comentarios3

  • Clan

    Muy profundo poema, los versos demuestran lo que la boca no sabe expresar

  • Lualpri

    Es verdad, pequeña!
    Lo que se ama con el alma es indestructible y jamás se pierde!

    Gracias infinitas por compartir tus letras tan hermosamente profundas y personales!

    Fuerte, sentido y sincero abrazo de amistad!
    Cuídate muy mucho!

  • Una voz

    Gloria a Cristo por el milagro que te concedió, y porque te dió la sensibilidad para que tu fe en Dios Él como certeza invisible, vieran el milagro visible en tu hija, fruto de ese amor.

    Perdona que me sobre extendí en mi comentario pero tu poema me alegró y sobrecogió. Dios te bendiga.



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