Desde niño supo
que seria el ultimo.
¡Nunca se Graduaría!
Sus padres,
para corregirle,
le hablaban del vecino.
Llego a odiarle,
aunque eran quintos
y habian leido
el mismo libro.
Amanecer dejó
de ser rutina.
El dia o la noche,
según la epoca,
se hacian eternos.
Otra Islandia.
Caminaba ausente,
solo entre la gente.
Mochila vacia y sucia.
¡De la marca más vendida!
Con las manos extendidas
cada dia repetia,
sin éxito,
la misma copla:
"Una ayudita".
Enfermo de miseria.
Locura sin medicina.
Mal olor,
ninguna lástima.
"La gente parece buena",
le dijo a una monja con cofia,
que le regaló
dos caramelos de menta
y le susurro al oido:
"Dios te bendiga".
El no dijo nada
y pensó:
"Uno para mí
y otro para el colega".
Otro compañero de fatigas
y de risas.
Viven con el reloj parado,
sin prisas.
Pernoctan cada noche
en dos bancos oxidados
de la estación de trenes.
Su minuscula
propiedad privada.
Nadie
se sienta en ellos.
Debajo,
su colchon.
Cartones doblados
y una manta rasgada
por mil sitios.
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Autor:
callejero (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de junio de 2026 a las 12:25
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Salvador Santoyo Sánchez, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
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