¡PARADOJA DEL JARDINERO!

racsonando



¡PARADOJA DEL JARDINERO!

(En la sala de espera)

 

Toda hipertrofia filosofal

suele ocultar un humilde comezón afectivo.

—Máxima atribuida a un yerbatero de dudosa reputación.

 

Me gusta, algunas veces,

podar de tajo la altanera rosa

que clava, con sus aromas madrugadores,

puñales de íntima hipocresía.

Bebo copas de desbordada duda

para no manchar —estúpida sangre—

el olvido de cloroformo

sobre el limbo de sus engreídas hojas. 

 

 Armado contra la espina,

de jardinero sin fe,

pero basta una mirada...

y al secreto de tus hojas me entregué.

 

 ¡Ah, maldita sangre!

Tan roja para las heridas,

tan indiscreta para los afectos.

Palmo a palmo, y sobre su ápice desnudo,

marco el envés lejano y profiláctico

con el cadáver de mi falange rota...

 

Armado contra la espina,

de jardinero sin fe,

pero basta una mirada...

y al secreto de tus hojas me entregué.

 

Pero hoy...

bajo el triste terciopelo de una mirada...

 Simplemente me sonrojo

y le despeino la fresca lozanía a mi rosa.

Le despeino...

la fresca lozanía a mi rosa. 

 

Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.

 

 

 

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  • Autor: Racsonando (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 3 de junio de 2026 a las 12:15
  • Comentario del autor sobre el poema: Paradoja del jardinero es un poema que explora una de las contradicciones más antiguas y persistentes de la condición humana: la lucha entre la voluntad de protegerse y la inevitable rendición ante los afectos. Con una voz que oscila entre la ironía, la reflexión filosófica y la confesión íntima, el hablante poético asume el papel de un jardinero que pretende dominar la rosa, podarla, mantenerla a distancia y preservar su independencia emocional. Sin embargo, la sangre —símbolo de la vulnerabilidad, el deseo y la vida misma— termina revelando aquello que la razón intenta ocultar. A través de imágenes que combinan lo botánico con lo existencial, el poema construye una metáfora sobre los mecanismos de defensa que erigimos frente al amor, la admiración o el afecto, y cómo estos suelen derrumbarse ante la simple fuerza de una mirada. Lo que comienza como un manifiesto de resistencia concluye en un gesto de ternura involuntaria: el jardinero no destruye la rosa ni la abandona; apenas le despeina la fresca lozanía, aceptando con rubor su propia derrota. En esta paradoja habita la esencia del poema: quien cree cultivar termina siendo transformado por aquello que cultiva.
  • Categoría: Gótico
  • Lecturas: 10
  • Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Hernán J. Moreyra, Salvador Santoyo Sánchez, Sergio Alejandro Cortéz, Noa Subin, Lualpri, racsonando
  • En colecciones: ¡Los ojos de mis devaneos!.
Comentarios +

Comentarios2

  • Salvador Santoyo Sánchez

    Buenas letras .
    saludos poeta Racsonando

  • Noa Subin

    ¡Bravo, poeta!

    Tu poema es increíble.

    Me encantaron la esencia y las metáforas.

    ¡Felicidades! Te sigo.

    ¡Abrazos poéticos!



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