¡PARADOJA DEL JARDINERO!
(En la sala de espera)
Toda hipertrofia filosofal
suele ocultar un humilde comezón afectivo.
—Máxima atribuida a un yerbatero de dudosa reputación.
Me gusta, algunas veces,
podar de tajo la altanera rosa
que clava, con sus aromas madrugadores,
puñales de íntima hipocresía.
Bebo copas de desbordada duda
para no manchar —estúpida sangre—
el olvido de cloroformo
sobre el limbo de sus engreídas hojas.
Armado contra la espina,
de jardinero sin fe,
pero basta una mirada...
y al secreto de tus hojas me entregué.
¡Ah, maldita sangre!
Tan roja para las heridas,
tan indiscreta para los afectos.
Palmo a palmo, y sobre su ápice desnudo,
marco el envés lejano y profiláctico
con el cadáver de mi falange rota...
Armado contra la espina,
de jardinero sin fe,
pero basta una mirada...
y al secreto de tus hojas me entregué.
Pero hoy...
bajo el triste terciopelo de una mirada...
Simplemente me sonrojo
y le despeino la fresca lozanía a mi rosa.
Le despeino...
la fresca lozanía a mi rosa.
Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.