Dos soledades.

el brujo de letziaga



 

Fuimos tú y yo,
dos soledades en un mismo vaso,
estando de convidados,
por un aguardiente melancólico...

 

Por allí adentro,
compartimos nuestro corazón literario,
memorizamos el teléfono,
y nos juramos un afecto perpetuo...

 

Fue un amor el nuestro,
de unos cinco centímetros de planeo,
desde tu voz a mi oído,
donde me quedé para siempre, hasta ser un viejo...

 

Y es que el vidrio del vaso,
fue como el santuario sagrado de un espejo,
nuestro reflejo bendito.
¡Ay querida, cómo te bebiste mi tiempo!

 

Comentarios +

Comentarios1

  • LOURDES TARRATS

    Hermoso poema, y gracias por el video.

    Bellisimo!!!


    DESDE LA ISLA DE MIS ABRAZOS, TE MANDO UNO, porque:

    POETAS SOMOS...



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