Décima del marido infiel

M0ra

Era cierta la sospecha,

no estaba en la biblioteca

y de mentiroso peca

cuando sus historias echa

para no encender la mecha

de su enfurecida esposa,

que presentía una cosa

y fue a verlo a la oficina.

Lo que halló casi lo arruina,

mas la libró de algún modo,

pues, cobarde, negó todo,

pero es que ¡ella no alucina!

Ver métrica de este poema


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.