Invade mi ser con tu veneno,
haz de mí la ruina dulce
donde el pecado florece
como una rosa nacida en el incendio.
Mata lo poco y nada que queda de mí,
arráncame la ternura de las manos,
que los sueños prohibidos
dejen de esconderse en la sombra
y se vuelvan carne, deseo y temblor.
Que tu voz agitada
rompa el silencio de mis noches,
que tus ojos universos encendidos
me miren hasta consumir mis dudas
en ese fuego interno
donde siempre amé quemarme.
Deja que mis huesos se calcinen lentamente,
como ramas viejas bajo un cielo rojo,
y que mi piel se impregne de tu aroma dulce
hasta olvidar el nombre del mundo.
Quiero perderme en cada rincón de ti,
en cada detalle que mis labios imaginan,
beber de tu presencia
como quien bebe la última gota de vida
antes del abismo.
Y si he de caer,
que sea en tus brazos incendiados,
con la boca sedienta de tu nombre
y el alma rendida
a todo lo que provocas en mí.
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Autor:
R. (
Online) - Publicado: 30 de mayo de 2026 a las 13:00
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz, Osler Detourniel, El Hombre de la Rosa

Online)
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