R.

Atrapado

Invade mi ser con tu veneno,

haz de mí la ruina dulce

donde el pecado florece

como una rosa nacida en el incendio.

Mata lo poco y nada que queda de mí,

arráncame la ternura de las manos,

que los sueños prohibidos

dejen de esconderse en la sombra

y se vuelvan carne, deseo y temblor.

Que tu voz agitada

rompa el silencio de mis noches,

que tus ojos universos encendidos

me miren hasta consumir mis dudas

en ese fuego interno

donde siempre amé quemarme.

Deja que mis huesos se calcinen lentamente,

como ramas viejas bajo un cielo rojo,

y que mi piel se impregne de tu aroma dulce

hasta olvidar el nombre del mundo.

Quiero perderme en cada rincón de ti,

en cada detalle que mis labios imaginan,

beber de tu presencia

como quien bebe la última gota de vida

antes del abismo.

Y si he de caer,

que sea en tus brazos incendiados,

con la boca sedienta de tu nombre

y el alma rendida

a todo lo que provocas en mí.