No sé en qué recodo

Eduardo Villacal (seudónimo)

No sé en qué recodo del tiempo
te he perdido.

No hubo una fecha.
Ni una palabra definitiva.
Ninguna puerta se cerró 
detrás de nosotros.

Tal vez no fue una despedida.
Solo una tarde más
en el vano transcurrir de los días.

Un libro que ya nadie abre 
en la página marcada.
La persistencia del polvo. Una silla
que quedó mirando hacia otra parte.

Pienso en vos sin sobresaltos.

La nostalgia,
con los años, adquiere
la discreción de los viejos jardines.
Ya no golpea las puertas.

Mira por una ventana,
como quien recuerda una patria
a la que sabe que no volverá.

He comprendido, 
o creo haber comprendido,
que la memoria no conserva los hechos,
solo su forma.

Quizá por eso, de vos me quedan
algunos gestos inexactos.
La sombra de un instante 
detenido en tu voz.

Tu belleza, que acaso 
fue menos tuya 
que de mis ojos.

Porque mis ojos 
te crearon, hermosa,
con la paciencia de un mar 
que crea sus costas.

Y al fin, la tristeza.

Ese otro mar que se aleja 
sabiendo que volverá
a besar la orilla 
de tu recuerdo obstinado.

A veces, cuando camino
por esas calles que ya nos conocen,
una luz en alguna ventana
me devuelve a una versión remota de mí.

Y solo entonces entiendo
que también yo soy parte
de aquello que se ha ido.
Y lo acepto.

Porque hay momentos 
que no quieren volver.

Tan solo permanecer,
como un paraguas olvidado
en una estación que ya no existe.

O el eco de tu nombre,
que ya no pronuncio
pero que sigue insistiendo
entre las cosas que me olvidé de tirar.

Las llaves inútiles,
las facturas vencidas
y estas palabras
que ya nadie reclama.

En algún recodo
donde el tiempo no tiene jurisdicción,
debo haberte perdido.



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