Cusco.
Todavía me arde esa ciudad.
A veces pienso
que uno no extraña lugares,
sino la desgracia
que dejó el cuerpo tirado en ellos.
Quinto piso.
Lluvia.
El terminal abajo respirando humo.
Y yo oyendo cómo el pecho
iba perdiendo su costumbre de seguir.
Qué vergüenza la soledad.
Morirse así,
sin testigos,
como perro encerrado en cuarto alquilado.
Ni siquiera era la muerte.
Era algo más pobre.
Más humano.
Porque después amaneció.
Y mi mundo seguía igual.
La misma soledad esperándome.
La misma vida vacía.
La misma tristeza sentada al borde de la cama.
Nada había cambiado.
Ni el teléfono.
Ni el silencio.
Ni yo.
Como si aquella noche
no hubiera estado a punto de morirme solo
en la ciudad que más he amado.
Desde el ventanal
la ciudad parecía cansada de sí misma.
Cusco tenía esa tristeza antigua,
ese color de ropa mojada,
de pan frío,
de madrugada enferma.
No como esta costa inútil
donde el mar repite siempre la misma cara.
Yo nací en Callao,
sí,
pero el alma ocurre en otro sitio.
La mía ocurrió allá,
donde el frío me sentó al borde de la cama
a escuchar mi propia respiración
como si fuera la de otro hombre.
Y desde entonces cargo eso:
una nostalgia que no sirve,
un amor por una ciudad
donde casi dejo el cuerpo,
y esta manera triste
de seguir vivo.
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Autor:
Cronista sin puerto (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 20:07
- Comentario del autor sobre el poema: Homesick.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., ElidethAbreu, Nelly Cevallos - Liora

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