Memorias de una Nación

Andres V. Almiña Negrete

Dedicado al Día de los Caídos

 

Un día como hoy queda sembrado en la memoria,

en el recuerdo de mucha gente que murió por ideales,

por pensamientos,

por su identidad

y por el sueño eterno

de un país mejor,

lleno de libertad.

 

Gente sufrida,

gente valiente.

 

El tiempo avanzaba entre tensiones,

conflictos,

emociones

y heridas silenciosas

que comenzaban a marcar

a toda una nación llena de dolor.

 

22 de noviembre de mil novecientos sesenta y tres,

la historia cambió de repente,

una y otra vez.

 

La sangre corría por todos lados.

 

Balas en el pecho

no solamente lastimaron a un ser humano dentro de un carro.

 

Desde una ventana salió el disparo

que terminó con su vida,

dejando miedo,

dolor

y heridas profundas,

marcando para siempre

la memoria de toda una nación.

 

Memorias quedaron

de un país

a quien no dejaron gobernar.

 

Gente lastimada por el dolor,

por la incertidumbre

y por el recuerdo

que aún permanece vivo

en la historia

de un gran país

levantado con fuerza,

esperanza

y amor.

 

Después llegaron años de guerra,

de lágrimas,

de desesperación

y de sufrimiento humano.

 

La guerra de Vietnam dejó daños colaterales:

niños sufriendo,

mujeres sin esposos,

hogares vacíos

y corazones rotos

llenos de sollozos.

 

Porque las guerras

no solamente destruyen ciudades.

También dejan heridas invisibles

que permanecen vivas

en la memoria de los seres humanos

y en la conciencia de los ciudadanos.

 

Hubo miedo,

dolor,

silencio,

desesperación

y lágrimas

marcando el rostro

de familias enteras.

 

Ideales vinieron,

ideales pasaron.

Pensamientos nacieron

y muchos se sacrificaron.

 

Algunos lucharon por libertad,

otros por dignidad,

y muchos por la esperanza

de construir una nación

más justa y soberana.

 

Aun en medio del miedo y la incertidumbre,

hubo quienes defendieron

aquello en lo que creían,

con honor,

valor

y sin derrumbe.

 

Un cuatro de abril de 

mil novecientos sesenta y ocho

otro disparo volvió a estremecer

la conciencia humana.

 

Un ser humano con valores cristianos

recibió una bala en un hotel.

 

Ese hombre buscaba

igualdad,

justicia

y libertad.

 

Quedan sus ideales,

que continúan hasta el día de hoy,

recordándose con amor,

respeto

y lealtad.

 

Gente sufrida,

gente valiente.

 

Muchos murieron,

pero no fue en vano.

 

Una vida marcada,

una vida sufrida,

quedó grabada dentro de la historia

y en la memoria de un pueblo

que jamás quiso vivir entre violencia y dolor,

pero que aún cree,

con esperanza y valentía,

que habrá un mejor futuro cada día.

 

El tiempo avanza,

pero las heridas permanecen

en la memoria

de quienes vivieron

aquellos días de lucha,

sacrificio

y dolor humano.

 

Con fuerza recordamos

a quienes dieron parte de su vida

por sus convicciones y valores,

reflexionando sobre el verdadero costo

de la violencia y la guerra,

que quedaron grabadas en nuestra mente,

despertando conciencia

en el corazón de toda una generación.

 

Que la memoria de aquellos días

nos recuerde siempre

el valor de la paz,

la unidad,

la dignidad humana

y la esperanza eterna

de construir un futuro mejor.

 

— Andrés V. Almina Negrete 

A.V.A.N.

25/05/2026

  • Autor: A.V.A.N. (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de mayo de 2026 a las 08:50
  • Comentario del autor sobre el poema: Viviendo por bastante tiempo en Estados Unidos uno empieza a identificarse con el país que nos recibió. Me inspiré y uní sucesos para crear esta obra que la viví cuando la realicé.
  • Categoría: fecha-especial
  • Lecturas: 6
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel, El Hombre de la Rosa


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