Dedicado al Día de los Caídos
Un día como hoy queda sembrado en la memoria,
en el recuerdo de mucha gente que murió por ideales,
por pensamientos,
por su identidad
y por el sueño eterno
de un país mejor,
lleno de libertad.
Gente sufrida,
gente valiente.
El tiempo avanzaba entre tensiones,
conflictos,
emociones
y heridas silenciosas
que comenzaban a marcar
a toda una nación llena de dolor.
22 de noviembre de mil novecientos sesenta y tres,
la historia cambió de repente,
una y otra vez.
La sangre corría por todos lados.
Balas en el pecho
no solamente lastimaron a un ser humano dentro de un carro.
Desde una ventana salió el disparo
que terminó con su vida,
dejando miedo,
dolor
y heridas profundas,
marcando para siempre
la memoria de toda una nación.
Memorias quedaron
de un país
a quien no dejaron gobernar.
Gente lastimada por el dolor,
por la incertidumbre
y por el recuerdo
que aún permanece vivo
en la historia
de un gran país
levantado con fuerza,
esperanza
y amor.
Después llegaron años de guerra,
de lágrimas,
de desesperación
y de sufrimiento humano.
La guerra de Vietnam dejó daños colaterales:
niños sufriendo,
mujeres sin esposos,
hogares vacíos
y corazones rotos
llenos de sollozos.
Porque las guerras
no solamente destruyen ciudades.
También dejan heridas invisibles
que permanecen vivas
en la memoria de los seres humanos
y en la conciencia de los ciudadanos.
Hubo miedo,
dolor,
silencio,
desesperación
y lágrimas
marcando el rostro
de familias enteras.
Ideales vinieron,
ideales pasaron.
Pensamientos nacieron
y muchos se sacrificaron.
Algunos lucharon por libertad,
otros por dignidad,
y muchos por la esperanza
de construir una nación
más justa y soberana.
Aun en medio del miedo y la incertidumbre,
hubo quienes defendieron
aquello en lo que creían,
con honor,
valor
y sin derrumbe.
Un cuatro de abril de
mil novecientos sesenta y ocho
otro disparo volvió a estremecer
la conciencia humana.
Un ser humano con valores cristianos
recibió una bala en un hotel.
Ese hombre buscaba
igualdad,
justicia
y libertad.
Quedan sus ideales,
que continúan hasta el día de hoy,
recordándose con amor,
respeto
y lealtad.
Gente sufrida,
gente valiente.
Muchos murieron,
pero no fue en vano.
Una vida marcada,
una vida sufrida,
quedó grabada dentro de la historia
y en la memoria de un pueblo
que jamás quiso vivir entre violencia y dolor,
pero que aún cree,
con esperanza y valentía,
que habrá un mejor futuro cada día.
El tiempo avanza,
pero las heridas permanecen
en la memoria
de quienes vivieron
aquellos días de lucha,
sacrificio
y dolor humano.
Con fuerza recordamos
a quienes dieron parte de su vida
por sus convicciones y valores,
reflexionando sobre el verdadero costo
de la violencia y la guerra,
que quedaron grabadas en nuestra mente,
despertando conciencia
en el corazón de toda una generación.
Que la memoria de aquellos días
nos recuerde siempre
el valor de la paz,
la unidad,
la dignidad humana
y la esperanza eterna
de construir un futuro mejor.
— Andrés V. Almina Negrete
A.V.A.N.
25/05/2026