Desde mi cama, hasta tus pies

Damián R

Desde el borde de mi cama me reviso los pensamientos

y sé que todos tienen nombre.

Tal como los huracanes, las tragedias y los desastres inevitables,

todos llevan el nombre de una mujer.

 

Y no existe nada más hermoso

que dejarse sacudir el corazón

por la violencia dulce de unos besos y unas caricias.

No hay nada más efímero ni más íntimo

que ese juego silencioso de dedos y labios

que ya se conocen con la precisión

de quienes se han explorado el alma antes que la piel.

 

Desde el borde de mi cama

podría enumerar cada peca,

cada curva minúscula de tu rostro,

cada gesto inadvertido que habita en tu memoria

y que ahora también habita en la mía.

Por eso los días se me vuelven extensos,

casi insoportables,

como si el tiempo hubiese decidido castigarme

con tu ausencia.

 

Ya no quedan estrellas en el paraíso,

ni ángeles junto a Dios,

porque toda forma de divinidad

ha decidido refugiarse en tus ojos, amor.

 

Y te robé para mí.

Sí, lo admito sin remordimiento alguno.

Te sustraje del mundo

como quien arrebata una reliquia sagrada

antes de que manos profanas puedan mancillarla.

Que se jodan todos.

No pienso volver a saborear

la desesperación atroz de no tenerte cerca,

de extender la mano en mitad de la noche

y encontrar únicamente el vacío.

 

No soportaré la tibieza de esta cama

cuando tu partida la condene al abandono.

No soportaré estos labios secos,

marchitos,

sin la redención de tocarte.

No soportaré siquiera

este ínfimo corazón mío

que antes de ti

no era más que un caparazón vetusto y ruin,

una carcasa fatigada

incapaz de albergar otra cosa

que una resignación mediocre.

 

Desde el borde de mi cama,

divagando sobre nuestro porvenir,

sobre nuestros hijos imaginarios,

sobre esa pequeña eternidad que inventé contigo,

me encontraron.

 

Acuchillado.

 

No por un hombre,

ni por la desgracia,

sino por tu ausencia.

 

Sin tu voz,

esa que no me hablaba al oído,

sino directamente al alma,

como si cada palabra tuya supiera exactamente

dónde tocarme para hacerme temblar.

 

Te extraño, amor.

Y sé que apenas han transcurrido unas horas sin verte.

Lo sé.

Pero soy apenas eso: un loco enamorado,

un insensato que ha hecho de tu presencia

su única noción de equilibrio.

 

Permíteme imaginar, aunque sea por crueldad,

cómo sería mi mundo sin ti.

  • Autor: GL2R (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de mayo de 2026 a las 08:29
  • Comentario del autor sobre el poema: Solo escribo para no decirle en la cara que estoy cruelmente enamorado de ella. Y si, soy un cobarde
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 7
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, El Hombre de la Rosa


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.