Sabes callar cuando sollozas,
sabes ocultar cada palabra.
Dejas que llore en silencio
porque crees en ese crío.
Si ese crío ha abandonado
esa casa vieja y hastía,
será ese mismo momento,
sabiendo que dejé de ser ese crío.
Ese mismo camino sabe a penas,
un fruto de lo más prohibido;
somos hermanastros de Edén
si esas lágrimas fuesen verdaderas.
Junto a tu lado me siento invencible,
no dejes que esta ceguera me caiga,
que toque el abismo de tus lágrimas
que arrancas al mismo cielo.
Somos hermanastros,
pues compartimos nuestra sangre
en un baldío seco y amputoso,
cuando esas lágrimas queman la piel.
Si tan solo dejases
que el sol no sea testigo
de esas penas que han marchitado
la rosa del alba foresciente.
Así pues, dejaré de creerme
que esas penas me acompañan
a lo largo de este letargo.
Del mismo cielo, ¡grítalo!
Al alba de tu mirada
no dejaré que te pierdas.
El destino puede llegar a ser cruel...
Déjame solo, solo en estas penas.
Ford George
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Autor:
Ford George (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 25 de mayo de 2026 a las 23:25
- Categoría: Carta
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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