No odia.
Muerde.
No elige la luz.
La deja entrar.
Y quiebra
lo que no cede.
El dinero no aplaza nada.
Le saca brillo al filo
hasta volverlo espejo.
El que paga
se mira
y lo llama razón.
No era el otro.
Era esto.
La mano cerrada.
La uña en la carne.
El filo creciendo
para no tocar
la falta.
Mira.
El débil pone la lengua
en el borde del vaso roto
como si todavía
mereciera azúcar.
El que piensa distinto
no alza un espejo.
Alza un martillo.
Y el cristal lo sabe
antes del golpe.
Ningún trozo es una cara.
Cada trozo
es una boca.
No caen al suelo.
Se quedan en ti.
Los llevas en la lengua.
En la encía.
Bajo la voz.
Caminas sobre ellos
y a eso
lo llamas dignidad.
Un día,
sin querer,
sin que nadie te mire,
escupes uno.
Sale tibio.
Sale rojo.
Tiene tu forma.
No brilla.
No nombra.
Solo corta.
Y sangra.
Antonio Portillo Spinola ©️
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 25 de mayo de 2026 a las 07:55
- Comentario del autor sobre el poema: No vine a hablar del odio. Vine a hablar de lo que muerde antes de que aprendas a llamarlo odio. El cristal no odia. El cristal soy yo antes de saber que existías. Soy yo dejando entrar la luz sin elegirla. Soy yo quebrando lo que no cede, no por rabia, sino porque no sé hacer otra cosa. Partirme es mi naturaleza. Partirte es mi defensa. Cuando digo dinero no hablo de billetes. Hablo del brillo que le pongo a mi filo para no verme. Hablo de pulir la herida hasta que parezca un espejo. Hablo de mirarme en él y llamarlo razón. Lo hago. Lo he hecho. Me he comprado a mí mismo el silencio. Lo que quiero decir es que nunca fuiste tú. Era yo. Es esto. La mano cerrada antes del golpe, la uña clavada en mi propia carne para no tocarme la falta. Porque la falta está ahí. Siempre estuvo. Y el filo que te crece es el mismo que te niegas a hundir donde de verdad duele. Mira. Lo que quiero decir del débil lo sé porque yo he lamido el borde del vaso roto. He puesto la lengua donde corta y he fingido que sabía dulce. He esperado un merecimiento que nunca llegó. Y lo he llamado amor, sumisión, destino. Lo he llamado como fuera necesario para no escupir el cristal. Lo que quiero decir del que piensa distinto es que le tengo miedo. No por lo que dice, sino porque alza un martillo. Y yo, cristal, sé que el golpe viene. Siempre supe que el golpe viene. Pero no me rompe él. Me rompo yo, antes, para adelantarme al dolor. Esa es mi única libertad. Lo que quiero decir de los trozos es que nunca cayeron al suelo. Los llevo aquí. En la lengua. En la encía. Debajo de cada palabra que digo. Camino sobre ellos todos los días y lo llamo dignidad porque necesito llamarlo algo. Porque si no es dignidad, es locura. Y no quiero volverme loco. Lo que quiero decir, y esto es lo único que importa, es que un día escupo. Sin querer. Sin testigos. Escupo un fragmento y sale tibio, sale rojo, sale yo. No es un rostro, no es una revelación, no es una metáfora. Es un trozo de cristal con mi forma. Y no brilla. Y no me explica nada. Solo corta. Y sangro. Y sigo sangrando mientras escribo esto.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: kiry, zza, El Hombre de la Rosa, Antonio_cuello, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z.

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