No apartes la vista amor mío, ni el corazón

Damián R

Y nos tendimos juntos en la cama, sobre un mar de lágrimas. Yo le secaba las suyas con el pecho; ella, las mías con su cabello. Le hice el amor más hermoso que puede existir. Le mostré que también sé llorar, que el salitre de mis ojos era puro y áspero como las aguas del Mar Muerto.

 

De su cabello nacieron narcisos; de mi pecho, margaritas. Nos besamos por última vez y emprendimos una metamorfosis compartida. Ya no hubo miedo ni miseria, el mundo entero pareció colmarse del amor que yo sentía por aquella mujer.

 

Pero cuando este dichoso y repugnante corazón comprendió, al fin, que éramos dos formas distintas de habitar la vida —casi un oxímoron respirando bajo el mismo techo—, tú ya te habías desprendido de mis brazos. Y te llevaste contigo, entre tus margaritas, algo que creo que todavía latía.

  • Autor: GL2R (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 25 de mayo de 2026 a las 04:44
  • Comentario del autor sobre el poema: Solo deja el corazón entre los dedos de la mano izquierda.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 10
  • Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Osler Detourniel


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