Tal vez ellos nunca debieron encontrarse.
Ella venía rota de silencios, de noches llorando en un baño para que nadie escuchara, de aprender a sobrevivir mientras el mundo la juzgaba sin saber nada de sus guerras.
Y él… él era de esos hombres que sonríen poco porque cargan demasiados fantasmas en la espalda.
No tenían un futuro.
Ni promesas.
Ni siquiera paz.
Sólo tenían esas noches donde el universo parecía detenerse cuando sus cuerpos se encontraban como si llevaran años buscándose.
Ella aprendió sus cicatrices con las manos.
Él aprendió a besarla como quien intenta salvar algo que ya viene incendiándose desde lejos.
Y aunque nunca pudieron pertenecerse del todo, hubo algo que nadie más entendió:
cuando estaban juntos, el dolor dejaba de hacer ruido.
Pero el amor a veces no pierde por falta de intensidad…
pierde porque la vida llega primero.
Y así terminaron convirtiéndose en eso que más duele: dos amantes que jamás pudieron olvidarse, porque hay personas que no pasan por tu vida… te atraviesan para siempre.
Ella era la chica de las poesías y él, el chico que aprendió a hacer ruido con su vida para no escuchar todo lo que le dolía por dentro.
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Autor:
Amanda (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de mayo de 2026 a las 20:44
- Categoría: Amor
- Lecturas: 25
- Usuarios favoritos de este poema: Amanda Garcia, LOURDES TARRATS, Sheilo Sanz, Lualpri, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Nelly Cevallos - Liora
- En colecciones: Amor de amantes.

Offline)
Comentarios2
Amanda,
Tu poema retrata a dos personas que se encontraron desde la herida, no desde la plenitud. Lo dices con una honestidad que toca: no idealizas el vínculo, pero reconoces la verdad de lo que compartieron. Lo más humano es esa idea de que, aunque no pudieron quedarse juntos, por un momento lograron que el dolor dejara de pesar. Y eso basta para que su historia siga viva por dentro.
Gracias por escribir y compartir.
DESDE LA ISLA DE MIS ABRAZOS, TE MANDO UNO, porque:
POETAS SOMOS...
El poder de la palabra siembra de letras la harmonia del verso estimada Amanda
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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