Radiacion

Antonio Portillo



Hay silencios humanos
más grandes que una galaxia.
Yo he visto a un hombre
guardar un secreto durante treinta años
y terminar orbitando
su propio centro oscuro.
Lo vi sonreír en las fotografías,
servir vino en las reuniones,
preguntar por la salud de otros
mientras dentro de él
colapsaba una estrella.
Nadie escucha el ruido
de una vida hundiéndose hacia adentro.
Los telescopios buscan señales inteligentes
en la profundidad del cosmos,
pero hay miradas humanas
emitiendo auxilio
desde hace décadas.
A veces pienso
que los agujeros negros
no nacieron en el espacio,
sino en el pecho de alguien
que aprendió demasiado pronto
a callar.
Y quizá por eso escribimos:
no para decir lo que ardió,
sino para dejar
su radiación.

 

Antonio Portillo Spinola ©️ 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 23 de mayo de 2026 a las 05:22
  • Comentario del autor sobre el poema: Escribí este poema porque creo que hay una forma de destrucción que nadie ve. No la del que grita o colapsa en público. La del que sonríe, sirve vino, pregunta por los demás —y lleva décadas hundiéndose en silencio. El secreto no es el tema; es la fuerza que lo deforma todo por dentro sin que nadie lo note. Usé el cosmos porque el espacio tiene un problema parecido: los agujeros negros no se ven directamente. Solo se detecta cómo doblan lo que hay alrededor. Ese hombre es eso. No puedes ver su herida, pero puedes ver cómo ha reorganizado su vida entera a su alrededor. Y al final, lo que me interesaba decir sobre la escritura no es que salva ni que revela. Es que deja rastro. Cuando alguien ya no puede decir su verdad directamente, todavía puede convertirla en imagen. No sale el secreto —sale su radiación. El eco frío de algo que ardió adentro y nunca encontró salida. Por eso el título es una sola palabra. Y por eso el poema nunca dice cuál es el secreto. No importa cuál es. Importa el peso que tiene.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 89
  • Usuarios favoritos de este poema: Salva45, Mauro Enrique Lopez Z., FRANCISCO CARRILLO, alicia perez hernandez, Lucía Gómez, Tito Rod, Noa Subin, El Hombre de la Rosa, Sergio Alejandro Cortéz, Mª Pilar Luna Calvo, antonio cuervo, Ferran Sorel, Rafael Escobar, zza, Gonzalo Márquez Pedregal, JoseAn100, Sheilo Sanz, Enmascaradodelapoesia, kiry
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Comentarios6

  • Rafael Escobar

    Maravillosa mente descrito ese rumiante dolor que a veces nos muerde, y no se si por orgullo de hombría, o evitar la conmiseración de otros preferimos callarlo y padecer sus aguijonazos en silencio. Mi admiración viaja hacia ti con mi sincero aprecio a tu persona y magnífica manera de versar.

    • Antonio Portillo

      Querido Rafael, tus palabras tienen esa honestidad que sólo nace cuando alguien ha conocido también el silencio de ciertas heridas.
      Has comprendido perfectamente ese dolor rumiante que no descansa, que vuelve una y otra vez como un animal oscuro buscando el mismo lugar donde morder.
      Y es cierto: muchas veces callamos no por fuerza, sino por pudor del alma. Como si mostrar ciertas grietas nos dejara demasiado expuestos ante el mundo.
      Te agradezco profundamente tu lectura, tu sensibilidad y ese aprecio que dejas entre líneas. Mi abrazo sincero, poeta.

    • Tito Rod

      Muy identificado con este texto - Tal cual así .. A veces nos toca ser nuestros propios ángeles de la guarda, sí o sí ..

      • Antonio Portillo

        Tito… hay una verdad muy honda en lo que dices.
        Cuando la vida aprieta y no hay manos cerca, uno aprende —a veces a la fuerza— a sostenerse por dentro, como si el alma se levantara a sí misma del suelo.
        Ser el propio ángel de la guarda no es heroísmo bonito… es supervivencia silenciosa. Es caminar con las alas cansadas, pero aún así no dejarse caer del todo.
        Gracias por reconocer ese espejo en el texto. Ahí, en esa identificación, el poema deja de ser mío y empieza a ser de todos.

      • zza

        Todos en algún momento hemos sufrido situaciones críticas, que han dejado marcas pero también aprendizaje, algunas se quedan dentro, nadie las nota pero se llevan como un tatuaje invisible. También me identifico con tu excelente poema.
        Un saludo con abrazo
        Zza

        • Antonio Portillo

          Hay heridas que no hacen ruido, pero cambian la forma en que uno camina por el mundo.
          Ese “tatuaje invisible” del que hablas es muy preciso: no se ve, pero condiciona la piel del alma, la manera de confiar, de mirar, de abrirse otra vez sin miedo del todo.
          Y aun así, de esas marcas también nace una comprensión más honda de los demás… como si el dolor, bien digerido, nos volviera un poco más humanos entre humanos.
          Gracias por leer desde ahí, desde lo vivido y no desde la distancia. Un abrazo sentido.

        • zza

          Todos en algún momento hemos sufrido situaciones críticas, que han dejado marcas pero también aprendizaje, algunas se quedan dentro, nadie las nota pero se llevan como un tatuaje invisible. También me identifico con tu excelente poema.
          Un saludo con abrazo
          Zza

        • Antonio Portillo

          Tito… hay una verdad muy honda en lo que dices.
          Cuando la vida aprieta y no hay manos cerca, uno aprende —a veces a la fuerza— a sostenerse por dentro, como si el alma se levantara a sí misma del suelo.
          Ser el propio ángel de la guarda no es heroísmo bonito… es supervivencia silenciosa. Es caminar con las alas cansadas, pero aún así no dejarse caer del todo.
          Gracias por reconocer ese espejo en el texto. Ahí, en esa identificación, el poema deja de ser mío y empieza a ser de todos.

        • Sheilo Sanz

          Muy acertada tu reflexiva obra poètica 🙏



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