Oí su voz, aquella que me llamó.
Tan dulce y cortante, tan suave y tan áspera.
Me tocó y al instante me quebré;
el alma me dejó, aquella luz, que me cegó.
Y luego se alejó, como el día y la noche.
Sus palabras, blancas y negras,
son el peso que me ahoga y aplasta.
El pensar que no la puedo tener,
que no la puedo descubrir,
solo sus palabras puedo oír.
Oí su voz, aquella que me llamó
y aquella que me dejó.
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Autor:
Beth Lovegood (
Offline) - Publicado: 22 de mayo de 2026 a las 23:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: ElidethAbreu, Lualpri

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