Llamada

Beth Lovegood

Oí su voz, aquella que me llamó.

Tan dulce y cortante, tan suave y tan áspera.

Me tocó y al instante me quebré; 

el alma me dejó, aquella luz, que me cegó.

Y luego se alejó, como el día y la noche.

Sus palabras, blancas y negras,

son el peso que me ahoga y aplasta.

El pensar que no la puedo tener, 

que no la puedo descubrir, 

solo sus palabras puedo oír.

Oí su voz, aquella que me llamó

y aquella que me dejó.

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