¡¡UNA DE MIS PARTES!!

Mirta Elena Tessio


AVISO DE AUSENCIA DE Mirta Elena Tessio



UNA DE MIS PARTES.

 

Todos nacemos puros e inocentes.

pero nuestro mundo comienza a borronear lo que traemos aunque aquellos que nacemos con la sangre alegre dejamos una huella indeleble.

-

Esto no va a ser un poema, sino unas de mis partes

que podría ser parecida a la de otra persona, hombre o mujer.

Una parte mía, muy mía que les voy a contar.

Podría llamarla, yo tuve una segunda infancia,

o las marcas del ayer.

 

En mi segunda infancia aprendí a aferrarme al dolor

y desparramé en palabras rotas, las llagas negras

en la pared de mis recuerdos, eso es lo que hice, edité

la amargura y le di paso a esa sangre alborotada

 de mi niñez como la incipiente primavera.( eso creía)

hasta que aparece alguien y te muestra sus propios recuerdo, su propio dolor y te haces cargo y aunque eso está mal, lo aprendí cuando tenía a mis niños.

Siempre he aparecido en mis letras como la niña

con la mirada triste, que se escondía detrás de la puerta.

( literalmente lo hacía) yo no recuerdo que escondía o por qué lo hacía.

Tal vez alquien me explique en mi ahora  el por qué de mis horas vacías.

Tal vez fueron las lágrimas de mi padre en sus rostro entristecido y enrojecidos por la muerte de mi madre que yo no entendía.

Sé que  la trajo en avión a Bs.As. y volvió con mi madre muerta  medio embalsamada.( en esos momentos nadie sabía si colmaría las expectativas de los médicos)

Mi padre me levantó entre sus fuertes brazos y me mostró su cara blanca amortajada.

¿Cómo le explicas a una niña de solo cuatro años que ya no volvería a verla?

La llevaron al estilo de algunas culturas, mi padre era italiano, cuatro hombres y el cajón, cruzaron el camino de barro hasta el comienzo de su fría lápida.

Recuerdo el frío, mi gorro atado en el cuello y mi tapado colorado.

Esos recuerdos nos muestran las heridas que jamás cierran, porque ella se fue para siempre y sé  que en su vientre ella y mi papa ya me amaban.

….

Pero aún no he mostrado mi otra parte, ese musgo del árbol en quién me estaba convirtiendo.

Literalmente yo era algo muy familiar para el árbol porque siempre estaba trepada subiendo como una hormiga sobre sus ramas.

Me costó abandonar las escenas que me marcaron.

Y no fui yo quien borró esa nube dolorosa de esa caja  que cerré para siempre.( eso creía) no se pueden cerrar las heridas son inmune e inmanente que se incrustan en los recodos de la memoria de una niña que perdió a su madre a los cuatro años.

Concluyo que fueron sanando, no sé muy bien, creo que

fueron los juegos infantiles cuando empecé a trepar la vida a mis seis años.

Incipiente me abrí camino en el vuelo de la hamaca, precoz en los juego de los varones.

¿ Qué podía hacer una niña con dos hermanos?

Mi papá se iba temprano, mi abuela se cansaba de nosotros, tres chiflados de 6, 8 y de 10 añitos.

Salíamos a la calle, yo a medio arreglar y mis dos hermanos descuidados un poco, eso no nos importaba,

estábamos esperando a lo que hoy se podría llamar pandilla, pero muy diferente, salvando las distancias.

Los zapateros, eran unos niños rubios de ojos azules y desplanchados, eran hijos de un señor muy delgado

de origen polaco, de profesión zapatero, así es que  eran unos cinco zapateritos,  que venían a nuestra vereda los de la casa de las palmeras, con escaleras al frente, marchábamos  hacia la esquina.

¿Había un líder? no lo recuerdo; éramos un manojo de sueños empujados por el viento de la inocencia.

Anita una de los zapateros y yo, el resto varones. No recuerdo quien decidía nada, Ana y yo siempre estábamos en el suelo.

 

 En ese grupo había sub-grupos.

 

Alguna mano perdida encontraba un simple palo y ya era la flecha de Cupido, bueno no tanto, una simple flecha y las cosas se daban de manera natural, empezaba una correteada, los más chicos atrás.

Siempre en nuestra vereda la de los tessios, es mi apellido con minúscula, nadie nos daba permiso, nosotros tres sin mi abuela y sin mi padre para nada  nos sentíamos abandonados, vendrían seguro a las tres horas.

Rodeábamos mi casa  hacia el  fondo, un gran patio  que lindaba con mi vecino, pequeñas montañas de aserrín frente a un puñado de niños con flechas en sus manos, adivinen el juego : eran  gigantes indios,

seguramente  esas ideas salían de esas revistitas de la época, no creo que hayan sido el de los libros o sí ¿por qué no?.

Nosotras las niñas en las hamacas, los niños maquinando en sus cabecitas, preguntaban  con la manito haciendo de altavoz, ¿quieren venir a jugar?

 nos apresaban, mis hermanos con cuidado, y los zapateros a mi amiga Ana.

Éramos las prisioneras. 

En ese juego de correr y pelearse con los palos, nunca vimos sangre pero Ana y yo nos desatábamos.

Además duraba un montón, terminaba cuando un papá venia a gritarnos ¡¡VENGAN A COMER!!

Eso cuando había sol y no estaba mi abuela, mi padre siempre practicando. Él era un atleta, cuando pudo  obtener un doctorado en letras, ya que por el conocí  a Almafuerte Pedro Bonifacio Palacios( buen ciudadano diputado de la Nación) y las rimas de Bécquer

 

Contaré algo de lo que ocurría en los días de lluvias.

Todos en las escaleras del consulado, o congreso donde los más grandes hablaban, yo, ni la menor idea,  Ana  se probaba mi ropa.

El más audaz dejaba que la lluvia lo mojara, y muy progresivamente los demás se iban sumando al borde de la vereda.-

Nosotras queríamos y no y así estábamos, que si que no, luego nos íbamos acercando, nosotras al patios  hacíamos tortitas con el barro, hacíamos bolitas, en fin,  hasta ñoquis, debajo de las chorrientas hojas, los varones se juntaban y se pintaban la cara con el barro.

De pronto  el cielo  atormentado, porque se avecinaba una efímera tormenta ya estábamos preparados, primero las gotas  y lentamente empezaba a llover

las calles no tenían todavía el asfalto y se hacía al final de la calle una especie de laguna y esos niños se bañaban en la laguna de Lerna,¡¡No, por favor, es broma!!, y se sumaban algún que otro vecino.

nuestras caras y sus sonrisas agradaban a mi padre que nos tomaba fotos y mi abuela se agarra la cabeza, nos quería cortar en pedacitos.

Y como dijera Rafael de León , colorín colorado este cuento se ha acabado.

Ver métrica de este poema
  • Autor: catia-love (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 21 de mayo de 2026 a las 17:23
  • Comentario del autor sobre el poema: UNA DE MIS PARTES ES UNA VIVENCIA, NO ES UN CUENTO, SON PEQUEÑOS TROZOS DE RECUERDOS DESPARRAMADOS EN MI INFANCIA. GRACIAS POR LEER.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 0
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.