Yo le debo mucho a la vida, y parte de mi deuda se debe a mi arrogancia, a ese apego hacia las cosas sin vida, a mi poco o nulo interés por la flor que crece entre las aceras y el ruido inmenso de la ciudad, a mi sustracción del verde y a mi indiferencia al silencio. Le debo a la vida mi letargo ante el ruido de ola , mi ausencia cuando la tarde se retiraba lenta y humilde, cuando la mañana en éxtasis me llamaba con su orquesta de pájaros.
¿Dónde estaba yo? ¿Qué hábito me envolvía? ¿Qué ilusión corrompía mi espíritu?
Me detengo ante el inmenso azul del cielo y, si alguien escucha mi conciencia, quiero pedir perdón, quiero limpiar esta balumba y retroceder. Sé ahora que lo eterno no era relativo a una ecuación, y que la vida es la representación de todo aquello que nos rodea, excepto el mundo marchito que se construye para la ebriedad del espíritu.
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Autor:
Mil vaggio (
Offline) - Publicado: 20 de mayo de 2026 a las 11:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Mauro Enrique Lopez Z., Osler Detourniel, Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Scarlett-Oru

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Comentarios1
Tu texto es una confesión reflexiva sobre el despertar de la conciencia frente a lo vivo. El hablante reconoce haber estado desconectado de la naturaleza y absorbido por lo inerte y lo artificial. A través de imágenes como la flor entre aceras, la ola y el cielo, se marca el contraste entre la indiferencia pasada y una nueva sensibilidad.
El núcleo del texto es el arrepentimiento y la pregunta por la propia ausencia: “¿Dónde estaba yo?”, que funciona como giro interior. El cierre sugiere una comprensión más profunda de la existencia como algo presente en lo vivo, más allá de ideas abstractas o sistemas cerrados.
Efectivamente, considero tu comentario muy acertado y agradezco tu lectura. Abrazo desde México y éxito.
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